viernes, 1 de mayo de 2015

MALAS NOTICIAS

Hoy, lo primero que he hecho ha sido escribir el título, y no al final como hago siempre. Aún estoy en pleno estado de shock, de no me creo lo que nos está pasando, de confusión... 

Ojalá jamás hubiese tenido que sentarme a escribir esto, que esta lotería no nos hubiese tocado a nosotros, pero tampoco es justo que las cosas malas siempre les sucedan a los demás. Debemos asumir que estas cosas pasan, que no todos los embarazos son perfectos (aunque a mí me daba la sensación de que sí).

Libreta embarazo, colcha de mi cuna cuando era pequeña
Desde que el martes me repitieron la segunda ecografía para confirmar que algo no va bien, mi mundo entero se ha paralizado. Cuando el doctor empezó a explicarme que había visto algo anómalo en el corazón de nuestra bolita y que me derivaba a un especialista empecé a llorar y ya no fui capaz de escuchar nada más. En mi mente empezaron a desfilar pensamientos de los que quería huir, jamás me he sentido tan abatida. Quería dormir y no pensar en nada, despertarme cuando todo estuviese solucionado. 

No pude volver ese día al trabajo, Miguel tuvo que adoptar el papel de fuerte irremediablemente y evitar que me acabase de derrumbar. Estuvimos paseando sin dirección, compartiendo todo lo que se nos pasaba por la cabeza y evitando ir a casa, aunque mi cuerpo me pedía tumbarme en la cama y arroparme hasta la cabeza para aislarme del mundo entero.

No recordaba que la pena doliese tanto y no sabía que me importaba tantísimo el bienestar de la personita que crece en mí. Este golpe me ha hecho sentir como pueden cambiar todas las prioridades de tu vida en un instante, como un hijo te hace pasar automáticamente a un segundo plano, aún antes siquiera de haberle sentido ni visto su cara. 

El sentimiento predominante, el que me hace estar con este continuo nudo en la garganta, con los ojos vidriosos todo el día, es la tristeza. Sabemos que es una niña y que en la barriga no para de moverse y ya es lo más importante ahora mismo para mí. Ella y Miguel. Aunque intente prepararme para lo peor, mi corazón me dice que no quiero perderla, que no quiero que sufra... Tal vez dos conceptos incompatibles.

Es cierto que, a demás, estoy muerta de miedo por lo que está por venir, que puede ser durísimo, o en el mejor de los casos que todo quede en un susto... Ojalá, ojalá todo lo que estamos pasando se quede en un mal trago y ya está.

Hasta el miércoles no tenemos cita con el especialista, me parece tan lejos... Tengo unas personas maravillosas a mi lado que me ha hecho sentir arropada y me han dado la oportunidad de expresar lo que siento, han acompañado mis lágrimas, no pueden hacer mucho más. Gracias, mil gracias, me ayudáis a ser fuerte. A las que no he sido capaz de contárselo y se enteran ahora, perdonad que estos días no haya podido ni ver el móvil y que haya ignorado vuestros mensajes.

Debo intentar volver a la normalidad, seguir con el trabajo de la universidad que he abandonado, con mis proyectos, con mis hobbies... Yo creo que ya era una persona empática, pero vivir algo así me ha hecho darme cuenta de verdad de lo que cuesta seguir con tu vida cuando algo trunca tu felicidad. Intentaré ser fuerte, sin ocultar mis debilidades, mis inseguridades ni mis miedos; mucho ánimo a quién esté pasando un episodio de su vida difícil.