jueves, 24 de noviembre de 2016

LA AUTENTICIDAD EN LAS FOTOGRAFÍAS

Un viernes por la tarde, un grupo de frikis de la educación infantil, de esos que dedican muchos sábados a reflexionar entorno a temas relacionados con la escuela, la educación, los aprendizajes, la infancia, etc., de los que pasan horas de su tiempo libre devorando revistas sobre educación, leyendo libros, asistiendo a diferentes eventos, y siempre, tengan o no relación directa con la infancia, encontrando en cuanto nos rodea esa conexión con nuestra profesión, extrayendo la esencia para seguir creciendo personal y profesionalmente. Esos frikis pertenecemos a un grupo de trabajo, todos tan distintos pero con tantas inquietudes en común... 

Ese viernes teníamos un invitado especial, el privilegio de tener a Gino Ferri en exclusiva, para aclarar nuestras dudas entorno a un tema sobre el que le hemos leído atenta y apasionadamente: la documentación.

Escuchábamos a Gino casi con fervor, en parte porque él consigue encandilarte con su naturalidad y ese punto provocador. Días después, aún me rondaban varios de los mensajes lanzados aquella tarde, él acierta en poner el dedo en aquello que más nos está doliendo. Con tu permiso Gino, quiero hablar de la autenticidad.

Los adultos estamos muy acostumbrados a sacrificar este valor, pocas veces somos 100% sinceros: callamos, omitimos, adornamos, disfrazamos... Pero los niños, cuánto más pequeños más, aún conservan una autenticidad que les hace muchas veces poner en evidencia a unos adultos demasiado preocupados por el qué dirán. Por este motivo, cuando fotografiamos desde la escuela, deberíamos salvaguardar esa autenticidad intentando captar momentos reales. Pero viendo algunas imágenes de niños pongo en duda la verdad detrás de ese instante inmortalizado. Y ojo, hablo de imágenes que queremos "colar" por espontaneas sin serlo, porque antes se ha preparado el decorado: se ha ordenado concienzudamente todo, se han eliminado esos objetos que creemos afean la estampa, se ha pasado el pañuelo por las narices... Y se ha provocado una acción solo para poder captarla.

Actualmente, sobretodo en educación infantil, vamos todos equipados con una cámara en el bolsillo para cuando se de "la situación" estar bien preparados. Claro que a la vez se pueden dar todos los contras: estar atendiendo a otros niños o con las manos mojadas o sucias y no poder coger la cámara, que los protagonistas de la escena tengan unas llamativas velas cayendo con descaro de sus naricillas o vaya desabrigado aquél que justamente sus padres se preocupan tanto por si se resfría, o mil contratiempos más: que se cruce una cabeza en el momento de disparar, que aparezca de fondo un niño llorando o pegando o subido a algún sitio un tanto peligroso... y aún si conseguimos estar ahí en el momento preciso con todo a nuestro favor nos puede salir la foto borrosa o a contraluz y no apreciarse bien... 

Intento capturar la acción de intento de ponerse un calcetín de Juno
Sin trampa ni cartón, esto es lo que sale








Juno, 1 año y 3 meses
Por todo lo que os comento, lo más normal seria tener fotos con todos estos inconvenientes que se dan sin remedio en la cotidianidad de la escuela ¿no? Pero ansiamos la perfección, buscamos la foto de catálogo. Por suerte, desde la escuela hace tiempo que la tendencia es conseguir fotos que muestren acciones, situaciones, relaciones y no niños posando.

¿Somos, por el afán de conseguir buenas fotografías, esclavos de la estética?