jueves, 17 de noviembre de 2016

VIDA COTIDIANA

Buenas noches,
me moría de ganas de escribir pero he estado enredada entre hilos, diría tejiendo, pero suena a productivo y yo más bien he estado probando. Esta semana se me ha pasado muy rápido, demasiado, no me gusta correr, Ya no.

Si hago balance de estos últimos dos meses, ya puedo decir que estoy recibiendo los frutos de una adaptación escolar especialmente dura. Hace tiempo que respiramos aliviados en mi aula, en mi casa, con Juno. Verla ir a la escuela contenta es muy reconfortante, me da una buena inyección de energía y positivismo, no me siento tan mal por las horas que permanece en la escoleta, que son demasiadas, eso sin duda. En mi aula también se respira un ambiente mucho más sosegado, ahora en vez de llantos se escuchan voces, risas, trajín de objectos, pasos atropellados, y alguna protesta, claro.


Creo que el día se me pasa tan rápido porque me encanta el corte que supone el mediodía, salir de mi aula, encontrarme con Eva (la tutora de Juno) y relajarme escuchando como me cuenta con detalle como ha pasado el día. Me doy cuenta de que hasta lo que aparentemente puede parecer insignificante para mí es primordial. Hago las mismas preguntas que durante años las familias me han hecho a mí: ¿cómo ha pasado el día?, ¿ha dormido mucho?, ¿ha comido bien?, ¿ha estado contenta? Bueno, bien bien no hago las mismas preguntas, porque si hay una pregunta que está en el top ten de las más repetidas sería sin duda ¿qué habéis hecho hoy? Y a mí no me importa que haga cosas, lo que me importa es que viva, que esté feliz.

Y después la tarde, que son dos horas de nada, y por fin lo mejor del día: ver de nuevo su cara bonita cuando aparezco por la puerta. Verla, esperar a ver su reacción, ir a abrazarla, comérmela a besos y darle teta, ya se lo ha ganado después de 8 horas (en otra entrada quiero hablar de lactancia materna prolongada, de destete y demás, dar mi opinión en base a mi experiencia).

Tarde de juego






Hace un tiempo que los viernes no va a la escuela, se queda con su padre porque él tiene el día libre, y yo me siento muy feliz de saber que tiene ese día especial junto a él, a quien ve menos que a mí (por norma). Ese día se levanta más tarde, almuerzan tranquilamente pan con tomate y jamón y zumo de naranja, salen a hacer algún recado... Y me manda una foto que espero con ansia.

Si no escribo últimamente es porque las tardes son de ella exclusivas, de estar juntas; no hacemos gran cosa porque está cansada y pronto le entra sueño, así que si vamos a la biblioteca no pasa de 45'; a continuación el momento del baño que le encanta, cenar y dormir. Me gusta quedarme con ella bastante rato, no dejarla inmediatamente en cuanto se duerme, y acabo tan relajada que no tengo ganas de hacer mucho, la verdad. Estoy aplacando mi hiperactividad, y más me vale, porque quiero recuperar todos los quilos perdidos en la adaptación y vuelta al trabajo, que no se cuantos son pero me ha dado mucha rabia perderlos!






Esta semana he tenido una cosa muy buena y una muy mala: 
Me di un capricho y me regalé un librito de poesía y fotografía que me llegó en un sobre pequeño, como el de las cartas que nos enviábamos con mis amigas de la infancia, con la dirección escrita a mano y celo para asegurar el cierre. Dentro, un librito de una preciosa delicadeza, encuadernado con sencillez y buen gusto, con un papel de agradable textura, de páginas finas y limpias... un tesoro vaya. No me he sentado a leerlo hasta hoy, que he tenido un buen rato a solas para dedicarlo a todo lo que días atrás no he podido hacer.


Lo malo fue una pesadilla horrible, real y cruda, de esas que no cuentas porque hasta recordarla te duele, un fastidio porque no la he olvidado todavía y remueve cosas que no quiero que aparezcan ahora. En fin, el inconsciente, apasionante y desconcertante a partes iguales, el mundo onírico que me fascina y aterra... Hace años llevé una libreta de sueños, era un ejercicio de la universidad, no me gustó nada escribir lo soñado, tal vez en esa época no tenía sueños bonitos.

Os quiero contar un propósito navideño: esta Navidad tengo la intención de que todos los regalos sean hechos a mano y por eso mismo me tengo que poner las pilas! Sé que es una gran inversión de tiempo, pero me vale la pena, y espero con este gesto dar ejemplo a Juno y que aprecie del regalo, no su coste ni cantidad, sino el esfuerzo, el detalle, el cariño, etc,. de la persona que regala. No sé como recibirán esta iniciativa los afectados, ni si alguien se querrá unir a ella, pero es irrevocable. No adelanto nada porque no quiero fastidiarle la sorpresa a nadie, los tendré que enseñar a posteriori. Voy anotando ideas, la organización es el mejor aliado jejjjee!!

Ahora sí, ¡buenas noches!