domingo, 15 de enero de 2017

ADIÓS LUCÍA

Sigue haciendo frío y la previsión es que hará más frío en los próximos días, es desalentador, cada día que pasa siento las horas de sufrimiento de las personas abandonadas a su suerte y pienso que ha pasado otro día sin haber hecho nada. Apagamos el televisor y nos vamos a dormir pero ellos siguen ahí, no son una ficción.

Hoy quiero hablarte a ti, Lucía. Ahora mucha gente, como yo, sabemos tu nombre y por lo que estabas pasando para decidir suicidarte con 13 años. Qué rabia, qué impotencia, qué fallo.


Hace tiempo cuando supe de Diego, y al igual que casi toda España, leí su carta de despedida antes de suicidarse, pensé que ya está bien de llamar al acoso escolar "cosas de críos", que hay cosas de críos y después hay actitudes a las que no debemos restar importancia. Ya entonces pensé mucho sobre el tema, ahora llamado bullying, y sobretodo me planteé qué estamos haciendo mal para que esto suceda y con tanta saña, y cómo nos está costando proteger a quien corresponde. Porque creo que no hay víctimas, lo que hay son personas con carencia de empatía y una necesidad de dominio y de ejercer la fuerza sobre otro en busca de personas sobre las que verter toda su rabia y sus frustraciones. 

Cualquiera en un momento dado puede convertirse en blanco de un acosador:
en ellos hay que poner el foco.

Si hoy escribo dirigiéndome a ti, Lucía, es porque me siento tan responsable como cualquiera que permitió que esto llegase a suceder: los acosadores, por crueles, qué pena ser tan mezquino, los demás compañeros, algunos por palmeros, otros porque lo vieron y callaron, otros porque lo taparon, lo negaron, mintieron. Y los que no te ayudaron. Todos deben sentirse como una mierda por haber sido parte de tu sufrimiento, seria lo normal, yo no lo concibo de otro modo.

Siento que nadie de tu centro escolar supiese ayudarte como merecías. Que los acosadores alcanzasen tanta fuerza como para hacerte tanto daño es culpa nuestra, de la sociedad, de todos los que permitimos que un niño insulte a otro sin recriminárselo, de los adultos que no detectamos actitudes violentas en los niños, y en gran medida, de los modelos de conducta que como adultos ofrecemos a los niños. Lo normal sería un entorno que margine a estos acosadores, y no al revés, un entorno que no apruebe el insulto, la mofa, la persecución, la mala educación.

Lucía, imagino que los acosadores y sus familias se sienten realmente mal, avergonzados y arrepentidos, que han pedido perdón sinceramente a tus padres. Imagino que cada persona de tu centro escolar que no actuó, que le quitó importancia, que miró hacia otro lado, etc. han ido a disculparse a tu familia, que hoy no dejan de pensar en ti, en lo que deberían haber hecho y no hicieron, o en lo que hicieron y no funcionó. 

No estoy hablando como maestra, ni como madre, ni como alumna que fui, estoy hablando como persona, como ciudadana.

Como madre espero educar a mi hija para que sea tolerante, empática y respetuosa, no hace falta que sea amiga de todos, solo espero que no acose, que no lo consienta y que si lo presencia o llega a sus oídos lo denuncie, pida ayuda, haga algo. Espero que le afecte y le preocupe el dolor ajeno. 

Como educadora, aunque no es un tema que se suela dar en la etapa en la que trabajo, espero ser suficiente sensible para detectarlo y actuar siguiendo el protocolo, pero si el protocolo no es suficiente, si el sistema falla, no eludir responsabilidades, ni dejar de hacer algo más. Me alarma como los centros, en muchos casos, perjudican más que ayudan a los acosados, como se excusan diciendo que eso sucede una baldosa más allá, una vez pasada la puerta de la entrada (eso no se lo creen ni ellos), como se lavan las manos, lo ocultan y contribuyen a incrementar el problema para las familias de los acosados. Me pregunto si a las familias de los acosadores, las que deberían estar realmente preocupadas por la conducta de sus hijos, se las implica, se les pide responsabilidades...

Como alumna, no tengo conciencia de haber vivido de cerca el tema del acoso, nunca he visto pegar a nadie, ni he pegado, ni me han pegado; he presenciado conductas más sutiles, como dejar de lado, poner motes un tanto despectivos, cosas a las que no les di mucha importancia, pero ahora sé hasta que punto afectan los pequeños gestos que casi pasan desapercibidos... Quizás debamos estar más alerta a las pequeñas cosas y actuar partiendo de aquí, no esperar a desenlaces fatales.

Por último, como ciudadana, pediría a algunos medios más ética al abordar esta noticia (y tantas otras), no fue culpa de Lucía lo pinten como lo pinten; entre los tiritos que dejan caer en un intento de mostrar aspectos que podían favorecer el acoso (lamentable) y el esfuerzo en exculpar a los acosadores, me han removido el estómago.