domingo, 22 de enero de 2017

CADA COSA TIENE SU MOMENTO

Como acostumbro a hacer, estoy escribiendo ahora que Juno duerme; quiero hablaros de un tema que surgió, hace pocos días, de una conversación con una compañera de profesión y de formación. Creo que más de una persona puede encontrarse en mi situación y por este motivo quiero compartir mi reflexión.



Después de tener a Juno decidí compactármelo todo y así alargar mi baja maternal y tener prácticamente un año para estar en exclusiva para Juno. Disponer de las 24 del día me facilitó poder dedicar una hora y media a asistir dos veces por semana a clases de pilates, y asistir una mañana al mes a un curso interesantísimo de educación viva. A demás, pude asistir a charlas, conferencias, incluso a una escuela de verano de una semana, porque me llevaba a Juno conmigo. Juno dormía mucho y podía ir con ella prácticamente a todas partes. 

Pero desde que me incorporé al trabajo, en horario de 8 horas, las cosas han cambiado muchísimo, añadiéndole el hecho de que Juno ha pasado de ser un bebé que dormía o jugaba en mi regazo, a ser una niña que no para quieta y quiere descubrir cuanto ve, que parlotea, se queja, se cansa, etc. Lo propio de su edad. Sus necesidades han cambiado, y mis prioridades también: en primer lugar está ella, por encima de todo. 

Ahora vamos las dos a la escuela juntas cada mañana, y aprovecho cada segundo hasta que ella se queda en su clase y yo me voy a la mía. La veo de refilón a lo largo de la mañana y la veo dormir, pero hasta las cinco de la tarde, 8 horas después, no estoy con ella realmente. Considero que es mucho tiempo separadas, me gustaría poder hacer reducción de jornada, pero de momento esta es nuestra situación. Lo que tengo claro es que el tiempo que paso con ella quiero que sea tiempo de calidad, de estar por ella. 

Por suerte, sigo con la lactancia sin problema, eso me tranquiliza. A pesar de las horas que pasa en la escuela, no he tenido que renunciar a algo nuestro tan importante. Y por las tardes me adapto a Juno: hay días que está cansada y me limito a ir a casa y acompañarla en su descanso, otros días vamos al parque, a pasear, a la biblioteca, o a casa a jugar. Intento que cada tarde podamos llevar a cabo el ritual del baño, que le encanta, con calma, a una hora apropiada para después cenar sin arrastrar cansancio.




En cuanto a mí, leo mucho menos, hago cero deporte, mantengo solo los hobbies que se adaptan a mi nueva situación, y aún así, subrayo, todo cuanto hago lo hago porque me apetece, sin suponerme ningún esfuerzo. 

Acostumbrada como estaba a asistir a cursos y formaciones de manera habitual, a veces lo echo de menos, claro. Últimamente me llegan noticias de visitas a escuelas y conferencias a las que me hubiese gustado asistir, estaba con la cosilla de "me estoy perdiendo esto y lo otro", necesitaba que alguien me dijera que las escuelas iban a seguir ahí para ser visitadas y que de charlas hay y habrá muchas, pero Juno solo hay una y va creciendo: eso es lo que no tengo que perderme. ¡Cierto! Eso es lo que creo, pero a veces nos presionamos tontamente, nos exigimos más de lo necesario. No pasa nada, ya lo retomaré más adelante si me interesa, o quizás busque otras alternativas, otras maneras de seguir formándome, aprendiendo y creciendo profesional y personalmente. 

Desde que existe Juno, ella es mi gran fuente de aprendizaje: observarla mientras la acompaño en su desarrollo me está permitiendo vivenciar muchas de las teorías estudiadas y cuestionarme tantas cosas! Ninguna formación ofrece unas prácticas tan intensas.
Al final se resume en quitarse presiones, 
tomarse la vida con calma y disfrutar de ella.

En fin, vale la pena recordar que hay momentos para todo y que no merece la pena perderse algo tan único como es la maternidad y el crecimiento de un hijo por un afán de seguir un ritmo o un estilo de vida que ya tuvo su momento. 

Comparto algunas imágenes de ratitos de parque y feliz domingo. Hoy es mi cumpleaños y estoy en casa con mis dos amores aún durmiendo, más feliz que una perdiz!