jueves, 10 de noviembre de 2016

QUÉ DURO SER NIÑO EN UN MUNDO ADULTO

Estoy muy desconectada de la televisión, y ni la echo de menos, pero hace un par de noches, una vez dormida Juno, me senté a cenar, y como estaba sola, me apeteció encenderla para que me hiciese un poco de compañía y descubrí que echaban Pequeña Miss Sunshine, una de mis películas favoritas (son muchas sí, ¡pero esta más! Jajjaa!!) Y la tuve que ver, porque encima acababa de empezar! ¿La habéis visto? Es simplemente genial. Me encanta el retrato de familia cargada de defectos, con sus malos rollos y sus miserias y que a la vez desprende esa humanidad, esa autenticidad. Desde el principio me enamoré de la inocencia y al curiosidad de Olive, es toda frescura, y es una niña real: ni de catálogo ni una caricatura. El cargante padre de familia  y sus sermones exasperantes, la agobiada madre (¡Toni Colette es una genia! En La boda de Muriel lo deja bien claro, está fabulosa), el hermano que pasa una fase difícil, el tío deprimido y exsuicida, el abuelo yonqui... Y todos los incidentes que van sucediendo para acabar con sorpresa final. Si alguien no la ha visto la recomiendo encarecidamente!!


Querer ser una pequeña miss sin tener las características que se esperan de una miss es la primera bofetada al topar con el mundo de los adultos que selecciona, clasifica y categoriza a las personas desde la infancia.

Ser niño es muy complicado, sí, vale que siempre se alude a la infancia como esa época idílica en la que no se tienen problemas... ¡Mentira! Eres niño en un mundo de adultos, donde hasta la infancia, tu propio terreno, está en sus manos, donde todo está pensado y adaptado a las necesidades de unos padres cada vez más ocupados porque viven en una sociedad estresante. 

Y en esta tiranía adulta:
  • La mayoría de las veces no se les deja actuar libremente, las prisas hacen que sean los adultos quienes vistan, desvistan, recojan, etc. porque así se acaba más rápido.
  • Se les obliga a permanecer sentados, cuando su naturaleza les pide movimiento. Cuántas veces habré oído aquello de ¡Ohh, qué guapos están! Cuando están sentados, quietos, sin hacer nada!! Y debería ser al contrario, alabar su capacidad para correr, saltar, trepar, actuar...
  • La mayoría de adultos deciden qué alimentos y la cantidad que deben comer sus hijos, si comen menos de lo que se les pone en el plato se les recrimina, y solo se les premia si lo terminan todo, recurriendo a frases tan fuera de contexto como "la comida no se tira", "con la de gente que pasa hambre...". Totalmente de acuerdo con ambas afirmaciones, por eso mismo es más lógico pedir al adulto que no haga más comida de la cuenta ¿no?
  • En muchos casos se les habla como si fuesen tontos, se les trata como a monillos de feria (haz palmitas, saca la lengua, sopla...) y se les pide que callen porque están hablando los adultos.
  • Por supuesto no pueden coger nada del suelo porque todo, absolutamente todo, y rematadamente todo, es "caca": desde una hoja, hasta una piedra, un trozo de plástico, una colilla, un palo, la tierra, y, menos mal, la caca de perro que es la más común en nuestros suelos civilizados.
  • Se les hace permanecer largas horas aburridos e inmóviles en sitios horrorosos como restaurantes, centros comerciales... Bajo amenaza de "¡no toques nada!".
  • Se les convierte en yonquis consumistas desde bien pequeños, con dibujos animados asociados a un despliegue pornográfico de merchandasing.
  • Aunque el azúcar no es nada saludable, se consideran cosas de niños las chuches, las galletitas, los pastelitos y demás "itos", se les bombardea con publicidad para que deseen consumir estos productos y de hecho, en la mayoría de hogares los hay a montones.
  • Los adultos deciden sobre su trabajo (en cierta medida), a los niños se les obliga a ir a la escuela sí o sí, a permanecer en ella jornadas eternas, a asistir incluso estando enfermos por falta de quien les pueda cuidar en casa, a jugar en el parque con los niños cuyos padres les caen bien independientemente de si le cae bien o no a él...
  • Deberían tener derecho a no heredar los miedos de los padres, pero viven en un constante: ¡Ay!, ¡Cuidado! Cuidado que te vas a caer, cuidado que quema, cuidado que pincha, cuidado que pesa...

Y podría continuar, pero es tarde y tengo sueño y Juno me espera calentita como un brioche jejjee!!

¡Buenas noches!