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sábado, 12 de enero de 2019

PRISA Y SOBREESTIMULACIÓN: SLOW

Iba a titular esta entrada "festina lente", que significa "apresúrate despacio", que es nuestro "vísteme despacio, que tengo prisa". Porque en pleno auge de lo rápido, con tendencias tan poco saludables como el "fast-food", compras híper rápidas on-line, trabajos en el que se exige ser muy productivo e incluso aprovechamos al máximo los traslados de casa al trabajo para comer, estudiar, escuchar música, leer los correos, estar informado, realizar compras y más y más trabajo ¡buff¡ ¿Qué tiempo nos reservamos para desconectar, mirar el paisaje o pensar en nuestras cosas?

Y si a este ritmo acelerado y trepidante le añadimos un huracán de información y de estímulos acechantes: vaya cóctel explosivo.

Me he dado cuenta de que una de mis preocupaciones, desde hace ya bastante tiempo, es evitar la sobreestimulación que siento que se va extendiendo como una gota de aceite y poco a poco se afana por invadirlo todo; ya parece casi imposible perderse por la montaña o encontrar una calita desierta. 



Lo empecé a aplicar en la escuela, como algo necesario para preservar el bienestar de los niños y las niñas. Nada fácil, cuando la creencia generalizada es que los niños para pasarlo bien cuanta más música, más alta, más globos y más colores, mejor. Y no te atrevas a ponerlo en duda, porque te caerá el peso del manido "a ellos les gusta". A ellos les puede gustar cualquier cosa que sienten que espera de ellos un adulto al que quieren, a parte de cualquier cosa a la que se les acostumbra: no son esponjas solo para lo bueno.

Pronto empecé a cuidar los detalles casi imperceptibles y que para mí eran primordiales: la luz adecuada, la calidez, el orden (incluso en las estanterías altas que creemos que pasan desapercibidas), las tonalidades, el tono de voz, el tipo de música, el volúmen y la intencionalidad de su uso, los ruidos, los distractores, las interrupciones innecesarias, la prisa...


Y acabó por convertirse en una necesidad también mía: ¡quiero un poco de paz!

Si pudiera tener el control de cuando quiero escuchar música a todo volúmen  no tendría ningún problema con ello, hay momentos en que me gusta bien alta: en un concierto de rock, escuchando a mis grupos preferidos mientras limpio el polvo, en el coche cuando voy sola y me apetece cantar... Pero cuando entro en una tienda me molesta bastante, igual que cuando observo el juego de los niños en mi estancia que en la de al lado suene a toda leche el "PotiPoti de animales".

Con la infancia sucede algo que no me acabo de explicar: 
¿por qué existe la tendencia a hablarles con un volumen más elevado cuando debería ser al revés, porque son bastante más sensibles a los sonidos? Y, sobretodo, ¿por qué los adultos se toman tantas licencias a la hora de tocarles y achucharles sin permiso? 

Oigo a menudo el mantra "no les pasa nada por..." refiriéndose a las situaciones nada adecuadas a las que los adultos les acostumbramos a someter. Una fiesta de cumpleaños plagada de adultos, música alta, dulces y refrescos, colores estridentes, juguetes, etc. en la que no siempre se busca el bienestar del protagonista. Largas jornadas de compras, cenas en restaurantes, horas de coche, dejar que desconocidos para el niño le cojan, le besen... Y os juro que me siento muy sola defendiendo otro trato para la infancia cuando gran parte de la sociedad acepta los micromaltratos y saca uñas y dientes cuando alguien pone en duda que sea totalmente aceptable. 


Os lo dice alguien que trabaja con una ratio nada respetuosa (por desgracia) y que a nivel personal comete muchos errores, pero no dejo de cuestionarme todo lo referente a esta cultura de infancia en la que creo y que no es más que ir aprendiendo de los errores del pasado, sin renunciar a los aciertos, pero siempre de la mano de la ciencia y de la reflexión, del sentido crítico y de la formación, la información como base para pensar y repensar, el diálogo y el intercambio de ideas y experiencias como herramienta para la autocrítica y la mejora. Y siempre desde la humildad y la objetividad de saber que nos queda muchísimo por aprender.


Estos días releyendo a mi querida Penny Ritscher me he sentido comprendida como nunca, esta entrada solo es una excusa para que leáis o releáis esta maravilla:



Escola Slow
Pedagogia del quotidià
Temes d'infància 
educar de 0 a 6 anys


En castellano:
La escuela slow (temas de infancia). 
Editado por Octaedro.

viernes, 26 de enero de 2018

UN VISTAZO A LA ESCOLA DELS ENCANTS

A principios de mes visitamos con mi grupo de trabajo Reggio la Escola dels Encants en Barcelona, llevaba años detrás de ver con mis propios ojos esta escuela, de la que tantos comentarios favorables he oído entre compañeros de profesión.

Nos recibieron algunas maestras del centro, y antes de deslumbrarnos por sus cuidados y motivadores espacios, nos explicaron cómo surge un proyecto educativo que rompe con el modelo existente para poner el foco realmente en el verdadero protagonista: el niño y la niña.

Qué pena como estamos desvalorizando muchos de los puntos básicos de la educación a base de repetirlos como un mantra, de usarlos sin escrúpulos cuando lo que se dice se encuentra a años luz de lo que se hace, de escribirlos en PECs porque queda bien, innovador, respetuoso... Porque vende, porque engancha, desgraciadamente: porque engaña. Así que siempre voy con ese recelo de si están queriendo vender la moto, vigilando si el discurso es coherente con la práctica, aunque muchas veces ellos mismos se desenmascaran en el propio discurso...

Perdonad el paréntesis, ha sido escribir "protagonista" y temblarme el pulso, porque oigo hablar de niños y niñas protagonistas de su propio aprendizaje, competentes, activos y blablabla a maestros que acaparan todo el protagonismo, que no confían en las capacidades de sus alumnos, que (seguramente sin querer) no les dejan desarrollar todo su potencial, ni ser ellos mismos, ni tomar decisiones, y a veces, ¡ni moverse!

Un día podemos hacer una lista con todas esas frases resobadas, desgastadas y casi invalidadas, yo lo hago muchas veces con mis compañeros en calurosas discusiones. Es lo que nos pasa a los que creemos que ser maestro es una profesión de máxima responsabilidad y complejidad, y nos indignamos con quien no la ejerce con este rigor.

Volviendo a la visita, he tardado en ponerme con esta entrada, primero por la cantidad de fotografías que he tenido que revisar, descartar, borrar y seleccionar. Segundo, porque pretendía elaborar un escrito que estuviese a la altura. Y después de releer mis apuntes y leer con detenimiento su página web, creo que mis palabras están de más. Leed si deseáis conocer La escola dels Encants.

***No os perdais Pinzellades de Pedagogía

ESCOLA DELS ENCANTS
(muy resumidamente)
Escuela viva, abierta, participativa
Respetuosa con la Infancia

Un lugar donde
Aprender a ser Aprender a hacer Aprender a conocer Aprender a convivir

Comunidad de aprendizaje
Escuela y familia en cooperación: Comisiones y grupos de trabajo

La escuela como un lugar donde 
vivir y compartir, crecer, amar, aprender...
y en definitiva, ser feliz

La escuela se organiza en tres Comunidades: 
3, 4 y 5 años. 6, 7 y 8 años. 9, 10 y 11 años.
Grupos heterogéneos de edad

Tres momentos: 
1) Tiempo autónomo, ambientes de aprendizaje relajados de libre circulación
2) Tiempo en grupo
3) Investigación (en grandes: Caixes de Recerca (Cajas de Búsqueda))

Varios ambientes:
Pequeños: Juego simbólico, Construcciones, Naturaleza, Luces y sombras, Hacer y deshacer, Arte, Comunicación y Espacio de sensaciones.
Medianos: Atlas, Cronos, Trecevientos, Latidos, Pitágoras, Gozamos, Landart. 
Grandes: Bios, Cosmos, Tiempos modernos, Babel Creamat, Diseño y Taller.

















































































































Este documento lo he compartido en alguna ocasión porque nunca está de más revisar el modo en que acompañamos a los niños y las niñas: Com acompanyem als infants.