martes, 1 de julio de 2014

ESPACIOS DEL AULA

Un móvil



Me he cuestionado a menudo el uso de los móviles en las aulas de infantil, ¿qué sentido tiene colgar del techo unos elementos fuera del alcance de los niños?, ¿es meramente decorativo?

En esta profesión hay que hacer muchas veces el ejercicio de tenderse en el suelo para mirar desde la perspectiva de los niños y las niñas los distintos espacios desde todos los ángulos, así podremos saber hasta donde llega la mirada de los que apenas se elevan unos centímetros del suelo. 

Es necesario para ordenar una estantería, un armario, etc., recordar que, aunque guardemos cosas muy arriba no desaparecen, o al contrario, tener en cuenta que lo que colocamos demasiado lejos si no lo pueden apreciar, más bien distorsiona. Pensar en su altura a la hora de colocar imágenes en las paredes (¡ay!, las imágenes, esto daría para otra entrada). Todo debe pensarse para que las personas que habitan un espacio se sientan cómodas, a gusto y puedan ser autónomas en él.

Los móviles por eso me generan un debate interno. ¿Qué les aportan? A veces son más un estorbo, incluso parece que todo vale y he llegado a ver cosas bastante anti-estéticas.

Este móvil
Una familia trajo un lunes, después de un fin de semana de campo, unos troncos, unas hojas, unas bolas de platanero, etc. Todo lo que traen las familias intento que tenga presencia en el aula, así que lo guardé a la espera de una buena idea. Al poco tiempo, una compañera trajo muchísimas anillas de madera y me quedé unas cuantas.

De todos estos elementos (y el mío propio: la naranja, que dejé secar y horneé) nació este móvil, que está colocado justo encima del cambiador. Es un elemento que no distorsiona durante el momento del cambio, cosa que me temía, aunque todos fueron enseguida bien conscientes de su presencia y me lo hicieron notar. Me lo señalan, yo lo muevo y les gusta (¡bien!), cuando acaba el cambio les ayudo a incorporase y lo pueden tocar, lo hacen con cuidado.

La zona del cambiador
Si otorgamos al momento del cambio de pañal la importancia que merece, también debe darse en unas condiciones óptimas: un lugar donde el protagonismo recaiga en el momento de interacción, en el niño/a y el adulto. Como en la taquilla de cada uno hay una cesta con los pañales, la toalla para tenderle encima, las toallitas húmedas y la crema, cuando nos disponemos a llevar a cabo esta acción preparamos la zona, extendiendo la toalla y dejando al lado la cesta del niño/a correspondiente. El resto de utensilios: espongitas jabonosas, guantes de látex, bolsas... los guardo en el cajón del cambiador, quedando de este modo la zona despejada.

La única licencia que me he permitido para crear un espacio agradable es esta gradación de azules a modo de tarritos con agua y colorante que ya usé para decorar otro espacio en un momento dado. Y una planta que ocupa un azucarero en desuso. El tul, tras la mampara de metacrilato, ayuda a delimitar y vestir la zona del cambiador. 




Otros espacios del aula
De este mueble de estanterías los niños y niñas alcanzan a coger los objetos de las dos baldas más bajas, por lo tanto es donde sitúo aquello que les ofrezco.

En una de ellas se encuentra el cesto (no es el más apropiado pero es el único del que disponía) con los álbumes de familia de cada uno, una bandeja con bolsitas de sensaciones y el cesto con tapa de Ikea (apreciado regalo de Alba) que contiene cintas, sonajeros, etc. 

Propuesta nueva
En la balda más baja he colocado un material nuevo: tubos de distinto tamaño, color y grosor (algunos con base) y una bandeja con anillas de madera; en el suelo un cesto con tubos recortados de cartón, todos del mismo color.



Como la propuesta ha tenido éxito, he traído más tubos y he añadido un elemento nuevo: conchas. Con los tubos forman composiciones distintas, los mueven, los cambian de sitio, los apilan, etc. Y, a demás, usan las conchas y las anillas para introducirlas en los tubos o rellenar los que tienen base.