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lunes, 12 de agosto de 2019

EL LAZO ROSA PARA QUE SE NOTE QUE ES NIÑA, ¿NO?

Esta entrada se podría llamar "la anécdota del día", porque así ha sido: eso que lees un mensaje de un seguidor a la imagen que alguien pública y ves la que se lía y acabas leyendo todos los comentarios para ver hasta qué punto somos objetivos, educados, exagerados...  



Una madre comparte una foto con su hija, y la niña lleva el típico lacito rosa pastel con una mini cola en medio de la cabeza. Bueno... el peinado no entra dentro de mis opciones, ni el lazo, pero no me resulta chocante porque llevo viendo este tipo de peinado y accesorio en niñas desde que tengo memoria. 

Ni se me ocurriría decirle como tiene que peinar a su hija, pero es una foto pública y alguien si quiere decirle algo: "el lazo rosa para que se note que es niña, ¿no?". Y, como es de esperar, un aluvión de críticas de las defensoras (todas mujeres) a ultranza de la madre de la criatura que con más o menos acierto defienden el rosa. Algunas la atacan de dar significado a los colores cuando éstos no lo tienen, sino que somos las mentes sucias que se lo damos; otras sentencian que claro que sí, que sepa que nació niña y niña será toda su vida pase lo que pase. En fin... opiniones.

Yo, que había pasado olímpicamente de la foto por no gustarme, a ella no se lo voy a decir, pero como todos, si me pongo a observar tengo una opinión, y es que no es solo el color, ni siquiera el lazo. Es la foto en sí. No creo que tratándose de un bebé, nadie después de observar el conjunto, dudase de si es niño o niña. Otra cosa es que se trata del típico lazo pequeñito rosa clarito de mercería que aún no lo he visto jamás en un niño, aunque ya se ven niños bien pequeños con coleta, el estilo es bien distinto.

Pasando de los comentarios, que me interesan porque reflejan la sociedad en la que vivimos y cómo cuando queremos defender algo somos capaces de tergiversar, malinterpretar o bieninterpretar sin mucho objetivismo, pero con mucha pasión, eso sí. Yo me he fijado en la respuesta que ha dado ella, diciendo que se lo ha puesto por la hermana, que es su color favorito y quiere que vayan iguales. Ay, suena tan a excusa... Por verdad que sea. 

Me da por pensar, que la hermana ya influyó en la compra del chisme, que la hermana (también niña) tiene uno igual, que el color favorito de la hermana, casualmente, aunque el rosa es un color como cualquier otro dicen y repiten (si, si, ¡para mí también!) sea el rosa... Por muy cierto que pueda ser, yo me he quedado en plan, pfffff... Con tantos colores que decimos que hay (los hay) ¿¿por qué tantas niñas dicen que su color favorito es el rosa?? ¡¿Por qué se sigue hablando de "color favorito"!? ¡Nos podemos hacer algunas preguntas, digo yo!

El lacito rosa clarito en raso o seda da la sensación que perpetua ese estereotipo de las niñas de rosa y los niños de azul, es un estereotipo conocido y reconocido, por qué entonces la mayoría de defensoras tratan de hacer como si lo estereotipado sea ver en el lazo el estereotipo. ¡Qué rebuscado! Es que lo es, otra cosa es que la madre diga, vaya si que en esta foto se da eso de que las niñas de rosa, aunque yo uso todos los colores sin distinción. Y queda la mar de bien. 

Creo que prácticamente todos y todas reproducimos muchos estereotipos de forma inconsciente, propios de nuestro bagage cultural y de vivir en una sociedad concreta, pero no por eso debemos carecer de pensamiento crítico, es más, de autocrítica, para decidir qué consideramos que va con nuestra manera de pensar y vivir y qué no. Y si alguien nos lo hace saber espero que algun día dejemos de ponernos a la defensiva como respuesta, porque así no se avanza en ningún sentido.

¿Os habéis planteado qué estereotipos lleváis a cuestas? Deja que piense...

lunes, 5 de agosto de 2019

CAMBIOS QUE HAN IDO SUCEDIENDO EN MI VIDA

Antes de seguir escribiendo entradas quería hacer balance de los cambios que he ido introduciendo en mi vida, algunos más de carácter personal, pero muchos de ellos van más allá de mí misma y afectan a nuestra vida familiar. A los que "viajamos" juntos y nos vamos enriqueciendo mutuamente.


Pienso que la mayoría se han dado porque ya existía una semilla, algo se iba gestando para que se llegaran a producir, es el fruto de estar en constante proceso de crecimiento, de desarrollo personal. Si buscas experiencias que te hagan crecer, si dejas que estas experiencias te remuevan, al final el cambio es inevitable. 



Cuando pienso en mi yo del pasado, de niña, de preadolescente, de adolescente, de juventud, de pos juventud... ¡Veo un sinfín de etapas! Y en cada una me siento una persona distinta, de hecho, creo que aún me queda muchísimo por aprender, por mutar y por crecer.



1. UNA VIDA MÁS CONSCIENTE

  • Aunque suene a tópico eso de quererte tal y como eres, si lo consigues es liberador. Hacer y ser como te pide el cuerpo, como te sientes bien.
  • Jamás pensé que podría ir por la vida sin maquillaje, me entenderás si has crecido pensando que tienes muchos defectos y que los tienes que ocultar. A demás de cargar con un gran peso innecesario, no te estás respetando a ti misma y tampoco serás capaz de respetar los defectos de los demás. A esto añádele bien peinada, vestida, etc. Todos ellos asuntos superficiales, que si los haces por obligación no te aportan nada, te suponen un esfuerzo y te quitan mucho tiempo. Así, cuando los haces por gusto, tienen un sentido para ti.
Soy una arrítmica desorientada que lleva toda la vida tratando de no parecerlo y por fin estoy aprendiendo a amar mis defectos.
2. ZERO WASTE

  • No sé qué grado de consumista era yo, pero hace tiempo que va en descenso, hasta llevarlo a cabo de un modo plenamente consciente. Intento no consumir lo que no necesito, o lo que no me hace muy feliz, y si puedo será en una relación comercial justa en la que no se explote a nadie y no se abuse de nadie ni de nada.
  • En relación con lo anterior, dejar de consumir de manera irresponsable para mí es intentar no generar residuos que la naturaleza no pueda asumir. Hace poco me di cuenta del cambio real que he experimentado cuando un día que olvidé llevar la botella de agua, y Juno tenía sed, en vez de buscar un súper busqué una fuente.
  • Se puede resumir en:
Comprar solo lo que necesitas: evitar tirar comida, por ejemplo
Compra de proximidad, a granel, sin envases, sin tóxicos


 

  • Es un compromiso ético y de respeto al entorno. Es renunciar muchas veces a la comodidad por un bienestar común.
-- Cambio de hàbitos

  • Para reducir los residuos que generamos sin volverte loca, pienso que le tiene que preceder un cambio de hábitos: en los alimentos que consumimos, en el modo de cocinarlos, en el tipo de ocio que disfrutamos... 
  • No podemos pretender la inmediatez y la abundancia, porque es lo que nos ha llevado a necesitar que prácticamente todos los productos estén envasados o elaborados, que se tiren toneladas de alimentos sobrantes de supermercados y restaurantes y que exista esta voracidad consumista, en definitiva.
  • Mi intención es tener un huerto así que he empezado a practicar sembrando algunas semillas, pero mientras trato de comprar fruta y verdura lo más de proximidad posible, el payés del pueblo, por ejemplo. Y consumir productos de temporada siempre. Es apasionante esperar que llegue la temporada de tu fruta favorita, así se lo transmito a Juno cuando me pide melón en enero.
  • Me di cuenta de que lo que más tiraba a la basura eran envases de leche y yogurt, así que he puesto remedio substituyendo la leche de tetrabrik por leches vegetales hechas en casa (ya que bebo mucha leche por capricho) y compré una yogurtera de segunda mano que me ha solucionado el otro problema. Ahora cuando quiero tener yogurts tengo que hacerlos, a veces se acaban y no hay, el proceso requiere su tiempo, pues me aguanto. Hago y espero. De vez en cuando me permito un Kefir del Pastoret que me sabe a gloria y el envase es de cartón. 


-- Otros cambios

  • Uso desodorante, gel, champú, friegaplatos, etc. sólidos y pasta de dientes, crema hidratante, limpiahogar, etc. hechos en casa con recetas que voy encontrando. A demás me libro de tóxicos buscando recetas ecológicas.



  • Maxibolsa: salgo de casa siempre con botella de inox para el agua, tappers con comida para picar, muselina y cubiertos. Y bolsas de tela si voy de compras. Pero esto es desde hace tiempo, no recuerdo la última vez que usé un bolso pequeño...

-- Ropa

  • Compro muy poca ropa, no me motivan para nada las modas, y la ropa que tengo me suele durar muchos años. Aún así, tengo muchísima más de la que necesito. Lo que compro es casi siempre de segunda mano, y lo que no, es porque no lo encuentro.
  • Con Juno he intentado usar solo ropa prestada por otras familias, las chaquetas y gorros los teje mi madre, y yo también le coso algunas prendas especiales.
Os he puesto un poco al día de algunos de los cambios que han supuesto una nueva forma de cotidianidad, de tomarme la vida y que me apetecía mucho compartir por aquí. Ya os seguiré contando.

sábado, 12 de enero de 2019

PRISA Y SOBREESTIMULACIÓN: SLOW

Iba a titular esta entrada "festina lente", que significa "apresúrate despacio", que es nuestro "vísteme despacio, que tengo prisa". Porque en pleno auge de lo rápido, con tendencias tan poco saludables como el "fast-food", compras híper rápidas on-line, trabajos en el que se exige ser muy productivo e incluso aprovechamos al máximo los traslados de casa al trabajo para comer, estudiar, escuchar música, leer los correos, estar informado, realizar compras y más y más trabajo ¡buff¡ ¿Qué tiempo nos reservamos para desconectar, mirar el paisaje o pensar en nuestras cosas?

Y si a este ritmo acelerado y trepidante le añadimos un huracán de información y de estímulos acechantes: vaya cóctel explosivo.

Me he dado cuenta de que una de mis preocupaciones, desde hace ya bastante tiempo, es evitar la sobreestimulación que siento que se va extendiendo como una gota de aceite y poco a poco se afana por invadirlo todo; ya parece casi imposible perderse por la montaña o encontrar una calita desierta. 



Lo empecé a aplicar en la escuela, como algo necesario para preservar el bienestar de los niños y las niñas. Nada fácil, cuando la creencia generalizada es que los niños para pasarlo bien cuanta más música, más alta, más globos y más colores, mejor. Y no te atrevas a ponerlo en duda, porque te caerá el peso del manido "a ellos les gusta". A ellos les puede gustar cualquier cosa que sienten que espera de ellos un adulto al que quieren, a parte de cualquier cosa a la que se les acostumbra: no son esponjas solo para lo bueno.

Pronto empecé a cuidar los detalles casi imperceptibles y que para mí eran primordiales: la luz adecuada, la calidez, el orden (incluso en las estanterías altas que creemos que pasan desapercibidas), las tonalidades, el tono de voz, el tipo de música, el volúmen y la intencionalidad de su uso, los ruidos, los distractores, las interrupciones innecesarias, la prisa...


Y acabó por convertirse en una necesidad también mía: ¡quiero un poco de paz!

Si pudiera tener el control de cuando quiero escuchar música a todo volúmen  no tendría ningún problema con ello, hay momentos en que me gusta bien alta: en un concierto de rock, escuchando a mis grupos preferidos mientras limpio el polvo, en el coche cuando voy sola y me apetece cantar... Pero cuando entro en una tienda me molesta bastante, igual que cuando observo el juego de los niños en mi estancia que en la de al lado suene a toda leche el "PotiPoti de animales".

Con la infancia sucede algo que no me acabo de explicar: 
¿por qué existe la tendencia a hablarles con un volumen más elevado cuando debería ser al revés, porque son bastante más sensibles a los sonidos? Y, sobretodo, ¿por qué los adultos se toman tantas licencias a la hora de tocarles y achucharles sin permiso? 

Oigo a menudo el mantra "no les pasa nada por..." refiriéndose a las situaciones nada adecuadas a las que los adultos les acostumbramos a someter. Una fiesta de cumpleaños plagada de adultos, música alta, dulces y refrescos, colores estridentes, juguetes, etc. en la que no siempre se busca el bienestar del protagonista. Largas jornadas de compras, cenas en restaurantes, horas de coche, dejar que desconocidos para el niño le cojan, le besen... Y os juro que me siento muy sola defendiendo otro trato para la infancia cuando gran parte de la sociedad acepta los micromaltratos y saca uñas y dientes cuando alguien pone en duda que sea totalmente aceptable. 


Os lo dice alguien que trabaja con una ratio nada respetuosa (por desgracia) y que a nivel personal comete muchos errores, pero no dejo de cuestionarme todo lo referente a esta cultura de infancia en la que creo y que no es más que ir aprendiendo de los errores del pasado, sin renunciar a los aciertos, pero siempre de la mano de la ciencia y de la reflexión, del sentido crítico y de la formación, la información como base para pensar y repensar, el diálogo y el intercambio de ideas y experiencias como herramienta para la autocrítica y la mejora. Y siempre desde la humildad y la objetividad de saber que nos queda muchísimo por aprender.


Estos días releyendo a mi querida Penny Ritscher me he sentido comprendida como nunca, esta entrada solo es una excusa para que leáis o releáis esta maravilla:



Escola Slow
Pedagogia del quotidià
Temes d'infància 
educar de 0 a 6 anys


En castellano:
La escuela slow (temas de infancia). 
Editado por Octaedro.

viernes, 21 de diciembre de 2018

CERDITA

Regalo de adviento para aquellas personas que adoran el cine y, especialmente, para las que ven cortos (el hermano olvidado). Quiero compartir un cortometraje que se titula Cerdita y está dirigido por Carlota Pereda, lo vi en Versión Española, en La2, hace ya unas semanas y me dejó bastante impactada. Espero que os guste. 

https://cimamujerescineastas.es/cerdita-de-carlota-pereda-en-el-bfi-london-film-festival/
Se trata del único cortometraje español que competirá en el próximo festival BFI de Londres. Forma parte del programa de distribución Madrid En Corto, en los primeros meses ya ha logrando 14 premios y compite con una nominación a los próximos Premios Goya 2019: mejor cortometraje de ficción.

www.filmaffinity.com/es/film784729.html
Madrid en corto: Cerdita
Coproducción de Imval Madrid y Pantalla Partida, con el apoyo de ICAA y Comunidad de Madrid
"Sara es una adolescente con problemas de obesidad que vive atemorizada por las burlas de unas niñatas, de vacaciones en su pueblo. Ni siquiera Claudia, amiga de la infancia, sale en su defensa cuando le acosan ante un Desconocido y le roban la ropa en la piscina. El largo camino de vuelta marcará lo que le quede de vida."

domingo, 2 de diciembre de 2018

SEGUIR

Qué difícil volver a escribir tras un parón. ¡No debería de haber dejado pasar tanto tiempo! Bueno, con haber publicado las 5 o 6 entradas inacabadas hubiese bastado para no tener esta sensación de ¿por dónde empiezo?, ¿cómo sigue esto? Eran entradas de esas que me sirven de álbum de familia, alguna reflexión demasiado superficial pero como anécdota, como hilo suelto para dejar por aquí, aceptable. Tengo tantas cosas que compartir: tantos libros que me han tocado, tantas películas, lugares, pensamientos... Muchas cosas caerán en el olvido y me da pena porque siempre que busco algo acudo al blog y eso que es una locura encontrar nada con mi tendencia al batiburrillo. Es mi cajón de la entradita, por mucho que trato de poner orden no lo consigo.
Si alguien sigue por aquí... mejor dicho, tú que sigues aquí, te mando un beso enorme. Aunque cuando escribo lo hago para mí, me encanta que me digáis que me habéis leído, siento como si compartiéramos un secreto. Y siempre hay alguien a quien le ha servido una experiencia, un libro, un viaje, una formación, algo, así que misión cumplida.  

He tenido un periodo complicado y no he podido hablar hasta sentir que se está acabando, eso creo, que se está acabando ya. Pero soy cauta. La mente nunca sabes por donde va a escapar, porque mi problema no era más que la culpa y la culpa por sentirme culpable. Doble culpa. ¡Si no me pasa nada grave! Tengo un hogar, un trabajo que me apasiona, amor, amigos, una hija deseadísima, familia, por fin algo de tiempo para leer (gracias a que voy al trabajo en tren), muchas aficiones... ¿De qué me quejo?

"Lo que me siento es en parte desbordada de tanto cuadrar horarios, priorizar, exigirme, culparme, excusarme, dejar de hacer, hacer..."

Estas son las únicas palabras sobre cómo me siento que he escrito en meses, y no son nada concisas, son casi una excusa, una trampa para no darme cuenta de lo que realmente me está pasando. Entonces, un día hablando con una amiga me sorprendo explicándole que me siento mal desde el aborto, no por el aborto en sí, sino ante la posibilidad de no volver a tener hijos, posibilidad que cada vez tengo más presente. Que justo cambio de escuela en un momento emocional muy delicado y me siento desprotegida, aunque nunca me ha costado incorporarme a un grupo nuevo, y esta vez me está resultando igual de fácil, me falta el apoyo incondicional que solo te da alguien que te quiere, alguien que te conoce bien. Y empezar un proyecto nuevo haciendo reducción de jornada es como ir pidiendo perdón constantemente por no dedicar más tiempo físico, al final dedico mucho tiempo fuera de horario pero sintiendo que lo debo, que aún debería hacer más. Y la gran culpa de no haber podido acompañar a Juno en sus primeros días de escuela, lo que daba por supuesto, ya que si el embarazo hubiese prosperado me coincidía con la baja maternal. Nada del otro mundo si me hubiese pillado en un momento fuerte, pero por dentro tenía un nudo que no sabía cómo manejar. Y, lo de siempre, sigues hacia adelante, los buenos ratos lo compensan todo, te olvidas incluso de que algo te hace run run por dentro, y un día por una tontería te da una llorera, o te enfadas exageradamente, o tienes ganas de romper cosas y te contienes con dolor por no saber qué hacer con esa rabia...


Gracias a las personas que por casualidad me han dado la confianza y las ganas de soltarme, yo que tiendo a ser distante, que no me permito sentirme mal, que no pido ayuda, que soy la fuerte. Gracias.

Espero seguir escribiendo y compartiendo mi amalgama de historias y cosas, ya he roto el hielo :)

martes, 16 de octubre de 2018

LA VALL DE NÚRIA

Hace algo más de un mes que estuvimos en la Vall de Núria, es de aquellos lugares que sueles barajar para visitar en familia si tienes niños pequeños.

Pensando en Juno, optamos por subir cogiendo el cremallera, es un tren que tiene su encanto, yo no lo disfruté demasiado y me parece que es un poco caro. Una vez allí te sientes como cuando vas de turista en un viaje organizado y te sueltan como borreguillos en un punto concreto para que inspecciones la zona: todos acabamos haciéndonos las mismas fotos, y hacer cola en plena naturaleza no deja de ser chocante. Entonces, es cuando huyes de la masa-manada y te alejas como cabrilla salvaje, pero no dejas de tener esa sensación de parque temático. 

A Juno le encantó ver al burro, las ocas, los conejos... A mí me da penilla que usemos a los animales para nuestro entretenimiento, o como atrezzo en un paraje casi idílico. ¿Se nota que no es el tipo de destino que me gusta? Será que mi concepto de belleza es más despeinado y allí todo era de un impecable abrumador. Para gustos los colores.