sábado, 15 de noviembre de 2014

LOS ATARDECERES MÁGICOS

Bagan, casi al final de nuestro itinerario por Myanmar, es una de las visitas más esperadas. Su zona arqueológica es impresionante de ver y para moverte puedes optar entre alquilar una bici, una bici eléctrica o un carruaje. Nuestra primera opción, la bicicleta, nos dejó rendidos el primer día, para el segundo optamos la eléctrica, mucho más cómoda, aunque accidentada, debido al suelo de arena (caídas, moratones). 

A la llegada, el autobús no nos dejó nada cerca de nuestro alojamiento, sino en la nueva estación, situada a las afueras de la ciudad. Eso significaba conseguir transporte, regatear, lo de siempre! En ese momento nos pudo parecer un inconveniente, llegas cansado y cada vez la mochila pesa más... Pero resultó ser un golpe de fortuna, ya que nos permitió conocer a otro de nuestros compañeros de viaje: Camilo

Después de más de un cuarto de hora de regateo, Miguel le preguntó si hablaba español reconociendo su acento hispano, él le contestó que era colombiano. Pero no os voy a hablar aún de Camilo, él merece una entrada para él sólo!

Esta vez elegimos un hotel con piscina en Nyaung-U, imprescindible si te lo puedes permitir, Bagan deshidrata. Se trata de la zona con más servicios: bicis y motos de alquiler, bancos, restaurantes, tiendas... Todo concentrado en una calle. Pese a ser uno de los puntos más turísticos de Myanmar, se sigue notando que es un país que se abre al turismo lentamente (ojalá no se abriese nada y la pudiésemos disfrutar tal cual sería para sus habitantes y no tan pensada para los guiris). 

Recuerdo Bagan como un lugar muy caluroso, seco y polvoriento, aunque precioso, y que no puedes dejar de beber agua! Eché de menos las lluvias y los charcos de nuestros primeros días...

Shwe-zi-gon Pagoda

Shwe-leik-too Pagoda



 Templo Hti-lo-min-lo 



Templo U-pali-thein

Con unos frescos impresionantes en su interior, lástima que no dejaban fotografiarlos (en realidad bien hecho, hay que velar por su conservación).




Uno de los pequeños vendedores-acosadores de Bagan, que incansable, iba persiguiendo a los turistas de templo en templo con su bicicleta para que comprásemos sus dibujos.

 Templo Ananda




Aye Yarwaddy River

La vida a orillas del río.

Bu-paya (Pagoda)

Bulethi Pagoda

Llegada en bici a la Bulethi Pagoda para ver atardecer.





Shwe-san-daw Pagoda

Otro de los mejores sitios para ver atardecer, eso sí, mucho más masificado.



Su-la-ma-ni Patho



Sin-byu-shin Complex

Dhamma-yan-gyi Pahto



Templo That-byin-nyu 



A la entrada de la Law-ka-nan-da Pagoda encontramos esta feria que nos llamó mucho la atención. Probamos alguna de las comidas de los puestos, con su cervecita correspondiente, y un helado casero de postre.



Law-ka-nan-da Pagoda





Viendo atardecer desde la Shwe-san-daw Pagoda.





La última noche cenamos en un restaurante de la zona turística. La noche anterior, intentando rehuir de esta zona, buscamos por las callejuelas escondidas sin mucho éxito, así que esta vez fuimos a los seguro. Uno de los restaurantes más concurridos tenía un cartel en la entrada anunciando que estaba recomendado por la Lonely Planet (guía que nunca miramos), por curiosidad entramos a ver la carta y los precios (entramos y salimos, claro): no aptos para mochileros.


Compramos tres sombrillas pintadas a mano, nos parecieron preciosas, aunque no son muy cómodas para llevar encima, ni para la mochila, ni en el avión...


El próximo día os enseñaré la última ciudad de Myanmar, Mandalay, y os presentaré a nuestro querido Camilo.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

MI DIARIO DE LOS 15 AÑOS

Hoy me apetecía explicar algo personal. Tengo una libreta plagada de garabatos, de frases a medias, de anotaciones y tachones; muchas de esas palabras quedarán en nada, como tantos pensamientos que olvidamos y tal vez merecía la pena atraparlos por un tiempo, o no...

Cuando cursé por primera vez literatura en el instituto tenía grandes esperanzas y altas expectativas vertidas sobre la idea de leer grandes obras y poder escribir y aprender a hacerlo bien. Pero no hizo falta que transcurriera mucho tiempo para que mi motivación se evaporase más rápido que un bote de quita esmalte abierto. 

Pronto vi que no tendría muchas oportunidades de escribir, pero al menos reconozco que leí libros que me encantaron y algunos de ellos, incluso, me marcaron. Tuve la ingenuidad de preguntarle al profesor si le podía entregar algunos de mis escritos, justo empezaba a no romper algo, así que su opinión era para mí muy importante. Éste dijo que sí. Le entregué un texto breve, lo leyó, y sé que lo leyó porque me lo entregó corregido.

Éste fue el texto. Lo conservo porque se me ocurrió entonces copiarlo en un diario. Después de eso pensé que no valía gran cosa lo que escribía, así que, aunque seguí escribiendo, nunca he tenido el cuidado de guardar casi nada.



Os presento mi diario de los 15 años, con las tapas rayadas de tanto usarlo. Me ha dado vergüenza ajena leer algunas páginas! Son mis quince años, era como era. Muy fan de Héroes del silencio, sus letras están por todas partes, pero bastante cursi a la hora de escribir! Yo diría muy ñoña jejjeje!! 




A los 15 ya estaba un poco decepcionada con algunas cosas...


Vidas cruzadas
Quique González

Y esta mañana cuando sonó esta canción en la radio, pensé que había olvidado lo bonita que es.


Al arder la rama 
las estrellas ardieron también, 
y una vez en calma, me largué.
Quiero amanecer mañana 
como un loco después de las seis, 
en un hotel sin dramas, ésta vez. 

Vidas que dejé cruzadas, 
vienen encendiéndose. 
Vidas que dejé cruzadas, 
vienen persiguiéndome. 

Llevo todo el día en cama 
con el volumen de la tele al tres, 
viendo caras largas de John Wayne.

Vidas que dejé cruzadas, 
vienen encendiéndose. 
Vidas que dejé cruzadas, 
vienen persiguiéndome. 

Lucha con un movimiento 
una luciérnaga azul y tú, 
para ya, ¿no ves que hay una luz 
en el fondo de mi corazón? 


Atreverse a ser uno mismo siempre y a pesar de todo...

lunes, 10 de noviembre de 2014

HÉROES MODERNOS II

Inicio
Un verano, varios años antes de que diera comienzo la guerra, un muchacho de quince años se alojaba con su padre y sus dos hermanos mayores en un hotel cerca del Támesis, en el condado de Surrey. El hotel había sido una casa de campo y antes un palacio real.


En la juventud está el placer
Título original: In Youth is Pleasure
Autor: Denton Welch (1915-1948)
Editorial: Alpha Decay, colección Héroes Modernos
Año edición: 2011

Se trata de un relato escrito en tercera persona en el que se cuenta el verano de un chico de quince años junto a su padre y hermanos en un hotel de la campiña británica. El protagonista, Orvil Pym, es un muchacho sensible, introvertido y de extremada corrección. Durante el año estudia en un internado que detesta y ese verano lo pasará junto a un padre distante al que casi teme y dos hermanos a los que no soporta, con los que no tiene mucha relación y de los que se siente muy distinto. 

El autor dibuja con bastante precisión a los personajes que aparecen en la historia, describe con detalle los paisajes y lugares como el hotel, la cabaña del profesor, etc. También se detiene a explicar los distintos platos de comida, la vajilla, los trajes... Welch usa un lenguaje muy rico en adjetivos y recursos literarios.

Poco a poco vamos descubriendo la parte más íntima del protagonista, a partir de sus pensamientos cargados de imaginación, evocaciones al pasado y ensoñaciones futuras, y también de sus actos, que buscan experimentar sensaciones y ansían la libertad de la que carece.


Reflexión
De este libro me ha interesado que intente mostrar una etapa de la vida tan compleja como es la adolescencia y explore, especialmente, su parte más íntima, la de las dudas y la confusión, la de las ganas de transgredir. Ahonda en la sensibilidad de Ovril y comparte con el lector los pensamientos a veces incoherentes y rebuscados, las fantasías y los anhelos. 

Aún así, los pasajes descriptivos se me han hecho un poco largos, pese a la brevedad de la obra en sí, aunque sirven para transmitir al lector la personalidad del protagonista, tan atento al detalle, y lo compensa con escenas de acción más interesantes, desde mi punto de vista, como cuando conoce al profesor y va a secarse de la lluvia a su cabaña o la escena del pintalabios.
"Ovril fue hacia el espejo, desenroscó el carmín y se pintó los labios con una gruesa capa de color. En un instante tomaron un color cereza y un aspecto pringoso gloriosos. (...) Aún mordido por el deseo de usar el carmín, Ovril se aplicó una gran mancha escarlata de borracho sobre la nariz. (...) En cuanto estuvo desnudo, como quien no quiere la cosa se dio carmín en los pezones hasta que parecieron dos fresas despachurradas." 

Alpha Decay: Héroes modernos
Esta manía mía que me impulsa a ver al todo de las cosas, a completar categorías, seguro que es una patología grave porque me da mucho trabajo... Sigo con mi empeño en leer todas las obras de la colección Héroes modernos disponibles en las bibliotecas cercanas, por suerte o por desgracia, son pocas.

Ya leí:
Richard Yates de Tao Lin

Próxima lectura:
Trilobites de Breece D'J Pancake

¿Cómo decidís qué libro leer? ¿Tenéis algún ritual extravagante o dejáis que el azar decida? ¿Sois fetichistas de portadas, de tipos de papel, formato...? ¿Elegís por autor, tema, época...?

martes, 4 de noviembre de 2014

NI UNA LÁGRIMA CONTENIDA

Acompañar el llanto infantil. Amor y respeto
Alfredo Hoyuelos
Revista In-fàn-ci-a, nº 199
Julio-agosto 2014
págs. 16-17

Cada mes, cuando cae en mis manos el nuevo número de la revista In-fàn-ci-a (revista de la asociación de maestros Rosa Sensat), es como recibir un regalo precioso, porque siempre encuentro entre sus páginas el hilo del que tirar para reflexionar sobre distintos aspectos relacionados con la Educación Infantil.

Hasta ahora siempre he leído la revista en la escuela, allí la hojeo y la tomo prestada para degustarla a solas, pero cuando la devuelvo me cuesta mucho desprenderme de ella, así que, por fin, me he suscrito para recibirla en casa. En realidad me he hecho socia de la asociación, que ya me tocaba, y he aprovechado para suscribirme a esta publicación en concreto.



Siempre encuentro un artículo que me interesa especialmente, que fotocopio y subrayo y guardo como un tesoro en mi archivador, para leerlo de vez en cuando y tenerlo presente. Muchas veces me hacen repensar la cotidianidad dentro de la escuela, sin querer a veces nos dejamos llevar por la costumbre, por lo que hace la mayoría... Es necesario detenerse a plantearse porque hacemos lo que hacemos, parece una obviedad y no lo es tanto.

Esto me sucedió con el artículo de Alfredo Hoyuelos, Acompañar el llanto infantil. Amor y respeto. Y no es porque sea de Hoyuelos, que mi entusiasmo y devoción hacia él se acrecientan cada vez que lo leo, sino porque al leerlo tuve la necesidad de compartirlo de inmediato. Pensé que contenía los instrumentos para respetar a los niños y las niñas en algo tan íntimo e importante como es el llanto, y que tengo la sensación de que es una asignatura pendiente para muchas personas, entre las que me incluyo.


"El llanto siempre tiene razones."



Del artículo me ha encantado la manera clara y precisa de abordar el tema. El autor contempla el llanto como uno de los cien lenguajes, punto que comparto por completo: porque es sabido que el llanto es una forma de comunicación, sobretodo en edades en las que los niños y niñas aún no poseen el lenguaje suficiente para expresar sus necesidades, pensamientos o demandas, suele ser la principal vía de comunicación.


"Ni una lágrima ha de quedar contenida o pendiente"

Y sabiendo esto parece una incoherencia que los adultos muchas veces tratemos de acallar el llanto, con distracciones, con frases que seguro que si nos parásemos por un momento a escucharnos, o nos pudiésemos ver en una grabación, no repetiríamos nunca más. 

Cuando les digo a las familias que antes de irse se despidan del niño/a, a veces les cuesta este trance porque piensan que va a llorar; si no llora respiran aliviados y premian esa conducta, y si lo hace, bien bien no saben como actuar. Hay quien decide quedarse un rato más, hecho que no suele apaciguar sino incrementar la intensidad del llanto al irse un poco más tarde, hay quien se va preocupado, triste... Y quien intentando consolarlo le dice que va a volver mucho antes de lo que será en realidad, o le pide que no llore, o busca algo para que se entretenga...

Quizás esa falta de naturalidad con la que abordar el llanto sea a su vez un potenciador de éste, al transmitir inseguridad o duda el mensaje que recibe el niño/a es "no estoy seguro de dejarte en este lugar/ con esta persona".

Cuesta aceptar que en ese momento tiene la necesidad de llorar y que debe confiar en que el/la maestro/a acompañará ese llanto de manera respetuosa, es decir, dejando que sea el niño o la niña quién decida cuando cesar.

Cuando un niño llora me da la impresión de que el adulto necesita actuar, aún cuesta comprender que sentarse a su lado en silencio sea una muy buena manera de estar disponible y acompañar. Es un trabajo conjunto de todos los adultos implicados, no ayuda mucho que cada persona al ver a "ese niño que llora" pregunte qué le pasa, lo coja o intervenga de algún modo; está siendo acompañado por su referente y será el niño quién decida el modo (como bien dice el artículo no todos los niños desean ser abrazados).

De hecho, intervenir con la intención de que cese el llanto, puede cortarlo momentáneamente, pero para mí es una falta de consideración grave hacia el niño o la niña. Pocas veces nos ponemos en su lugar y pensamos como nos sentiríamos nosotros si no nos dejasen expresar nuestra pena o nuestro enfado, si nos tapasen la boca para que no pudiésemos hablar o gritar o llorar...

Es un artículo que no tiene desperdicio y que recomiendo encarecidamente. A demás, ¡me encantaría saber qué opináis sobre este tema!

domingo, 2 de noviembre de 2014

NOCHE DE DIFUNTOS

Halloween 

Los inquilinos habituales del comedor están en pie de guerra, desde lo alto del armario planean su ofensiva, ¡unos monstruos han invadido su territorio!







Cuando me desperté aquella mañana tú estabas sentado a los pies de mi cama dándome la espalda, llevabas el traje negro que sólo usas para salir de noche e ibas impecablemente peinado. No me atreví a llamarte, ensimismada por lo extraño de la situación, o tal vez no me salió la voz si traté de hacerlo. Me incorporé y tuve la sensación de que había estado mucho tiempo acostada, cuando noté mis cabellos rozándome la cara me recorrió un escalofrío, no parecían apenas tener consistencia. No quise tocarlos convencida de que se desharían en las yemas de mis dedos, como ceniza de incienso. Mire hacía mis hombros para poder verlos y sólo pude apreciar una maraña blanquecina, entonces sentí una mirada sobre mí y aún antes de levantar la vista sabía que quien me miraba no eras tú.

















¿Esperamos a alguien más? 
No hay más invitados, pero hay visitas a las que les gusta presentarse por sorpresa.