sábado, 16 de junio de 2018

MOMENTOS DE ENCUENTRO CON LAS FAMILIAS

Siento que las personas no nos cuidamos suficiente, la escuela infantil es un lugar donde el cuidado de niños y niñas, familias y maestros, es prioritario, pero no siempre se consigue crear ese clima facilitador que acompañe debidamente a todos los agentes implicados.

Para beneficio del niño, en primer lugar, es necesario que familia y escuela entablen un diálogo de igual a igual, en el que nadie se sienta ninguneado, a través del que se llegue a un conocimiento mutuo y al establecimiento de acuerdos que faciliten la convivencia.



Cuidar los momentos de encuentro con las familias

Pensando en cómo mejorar la comunicación con la familias, cómo ofrecer un trato cordial y cercano a todas y cada una de ellas: a las que nos lo ponen fácil y las que nos cuestan más, las que se muestran felices, las que tienen dudas, las que desconfían... El día a día nos da la oportunidad de ir tejiendo esta red de relaciones, no solo hacia los referentes de tal alumno, también podemos ayudar a que se vayan fortaleciendo lazos entre las distintas familias. Aprovechar estos breves minutos de las entradas y salidas, me parece fundamental; pensando en ello, he imaginado dos situaciones idénticas, ambas correctas, pero que transmiten un mensaje bien distinto.

Situación A:
Maestra/o: Buenos días Vanesa, ¿todo bien? 
(Agachándose para mirar a Vera a los ojos). ¿Ya has desayunado Vera?
Vanesa (madre): Te traigo la gorra que me pediste para el patio. 
Maestra/o: ¡Genial! Empieza a picar el solete a la hora que salimos... 
Vera: ¡Es roja! 
Maestra/a: Sí, me gusta mucho tu gorra, Vera, hoy la podrás estrenar. 
[La maestra observa que no está marcada con el nombre]. Vanesa, ¿le quieres poner el nombre?, en el cajón tienes un marcador, así si coincide con alguien sabremos cuál es la suya. 
[La madre coge el marcador y pone el nombre]
Maestra/o: He preparado un cesto para las gorras, mira, está en este estante. 
[La madre se despide de Vera, pero la niña protesta porque no quiere que se vaya].
Maestra/o: Se acerca a Vera y le coge suave la mano, solo para ofrecerle la suya. Vera, ¿quieres que miremos tu álbum juntas? Ahora, le decimos adiós a mamá, después de la siesta vendrá a buscarte y le explicaremos cómo ha ido el día, ¿de acuerdo?
 Situación B:
Maestra/o: Buenos días mamá de Vera. ¡Hola Vera! 
Vanesa (madre): Te traigo la gorra que me pediste para el patio. 
Maestra/o: Muy bien. ¿Pone el nombre? 
Vera: ¡Es roja! 
Maestra/a: A ver... es granate, Vera. 
Vanesa: No le he puesto nombre, tengo etiquetas en casa pero no me he acordado de ponérsela. 
Maestra/o: Tengo un marcador en el cajón, luego le pongo el nombre. 
Vanesa: De acuerdo. Gracias. 
Maestra/o: Las gorras las dejáis en esta cesta del estante, ¿vale? 
Vanesa: Ah, vale. 
[La madre se despide de Vera, pero la niña protesta porque no quiere que se vaya]. 
Maestra/o: Venga Vera, no le hagas eso a mamá, que luego lo pasas muy bien aquí.
Estas frases me sirven para hacer hincapié en algunos aspectos comunicativos que influyen en la relación que establecemos con las familias.



Llamar a los familiares por su nombre
No supone un gran esfuerzo y para mí es muy importante. Pienso en como me hace sentir a mí cuando alguien que apenas me conoce me dice "Sara...". Es muy agradable. ¿Cómo no vamos a hacerlo con las personas con las que debemos construir un vínculo, a las que les pedimos confianza casi de inmediato? La madre y el padre mínimo; no está de más recordar el nombre de otros parientes y animales de compañía.

Mostrar interés
Un "¿todo bien?", que es algo bastante genérico, en muchas ocasiones es suficiente. Pero yo iría más allá: si la família ha compartido alguna información con nosotros, que noten que le damos importancia a lo que nos dicen; si el niño o la niña tuvo alguna molestia el día anterior, interesarnos por como pasó el resto del día, la noche, etc.

Preguntar sobre el niño/a
Si ha dormido bien, si ha desayunado o no, si se ha despertado más pronto de lo habitual, etc. Recibimos a una persona que va a pasar muchas horas con nosotros y a la que pretendemos atender con la máxima calidad, toda la información es relevante.

Cercanía
Si queremos construir una relación basada en la confianza, y creo que es indispensable, debemos ser accesibles para las familias. Es difícil confiar en las personas que no se dan a conocer, que se muestran distantes y con las que apenas conversamos. 

Deberíamos evitar juzgar, porque realmente no sabemos hasta qué punto puede ser difícil la conciliación familiar, la maternidad, estar en paro, tener mucha presión en el trabajo... Cada familia tiene unas circunstancias y la escuela ha de ser siempre un aliado.

Ni que decir que los prejuicios hacen más mal que bien, ponen barreras, son un obstáculo en la relación. 

Ojo a las normas
La escuela, como cualquier contexto social, necesita unas normas básicas para asegurar el bienestar de todos. Las normas como pacto aceptado por todos para mejorar y preservar un clima armonioso. Si convertimos la escuela en un lugar repleto de carteles recordando estas normas, en los que se exige su acatamiento con letras grandes y mayúsculas (letras que gritan), con frases que empiezan por un rotundo NO, estamos poniendo distancia y asumiendo un rol sancionador.

La escuela, un espacio compartido
Nuestro modo de concebir todos los espacios de la escuela como más nuestros que de las familias, no facilita que se sientan "como en casa", cuando debería ser así. ¿Tenemos espacios específicos pensados para que puedan sentarse un rato a charlar entre ellas, donde prepararse una infusión, o leer algún artículo que les interese? Si la escuela es siempre un lugar de paso, al que llevar y recoger a los hijos pero en el que apenas pasan tiempo, en el que no hay posibilidad de permanecer, no podrán hacer suyo este espacio.

Dar valor a las cosas de los niños
A su familia, a sus objetos, a su ropa, a todo lo que para ellos importe. Y podríamos ahora hablar de cómo tratamos sus objetos personales, desde un muñeco que traen por la mañana, su chupete, sus zapatos, su babero sucio, etc. Todas estas cosas tienen algo en común: lo importantes que son para un niño, y en un lugar donde todo es de todos, cobran incluso más valor. El cuidado y el respeto se nota en donde colocamos los objetos que traen de casa y que al poco rato dejan para iniciar otros juegos, en dónde y cómo guardamos sus chupetes, en si marcamos con el nombre alguno de estos objetos de qué modo lo hacemos, etc.


Álbum de familia (el nuestro)

Hay más aspectos sobre los que reflexionar tanto como escuela, como a nivel particular, para conseguir realmente estar abiertos a las familias, y tomar conciencia es el primer paso. Las reuniones, los comunicados, las libretas de traspaso de información... 

Mi reflexión ha surgido a raíz de pensar en cómo las pequeñas conversaciones que diariamente surgen entre madre o padre (otros familiares, canguros, etc.) y maestra/o son la oportunidad perfecta para ir construyendo una relación, y lo necesario que es pensar en los mensajes que transmitimos: tanto con lo que decimos, como con lo que no decimos, con nuestra postura, nuestros gestos, etc. Ahora, al escribirlo, he pensado en muchos otros aspectos a tener en cuenta y seguro que esta semana, cuando lo comparta con algunas compañeras, surgirán más interrogantes.

¿Qué os preocupa a vosotros respecto a la comunicación con las familias? ¿Qué interrogantes os genera? ¿Qué aspectos querríais mejorar?