martes, 12 de junio de 2018

ESCENA DE JUEGO: MÉDICOS

Hace ya unas entradas, os comentaba que me había atrevido a empezar a documentar, algo que me estaba costando especialmente por no sentirme nunca lo suficientemente preparada para hacerlo con todo el rigor y la profesionalidad que me exijo. Y justo empiezo intentando documentar una situación de aula muy compleja, como es el tema de las relaciones. Me embarco en un proceso largo, que requiere de una sustancial inversión de tiempo de observación, de registros, de reflexiones... Y no exento de malas interpretaciones, al tratarse de un tema en el que son varios los protagonistas, muchas las situaciones y más aún las emociones que se dan. 

Pero el principal inconveniente, en este caso, es que pretender atender debidamente las necesidades del día a día en el aula, y tomar notas, fotografiar... para posteriormente, revisar, organizar y reflexionar sobre lo observado me estaba resultando imposible. Así que pongo los pies en el suelo y empiezo con lo más sencillo: documentar los momentos de juego de mi pequeña Juno. Espero que no se sienta jamás conejillo de indias, sinó verdadera fuente de inspiración y de fascinación.

Jugar a curar

Ese día, de vuelta a casa en el coche, Juno me contaba que en la escuela había jugado a que iba al médico y se tumbaba en la cama para que la curara. Me habló de "charingo" (jarabe) que "pica", de pinchazos, de "piernas enfermas" como la de la hija de Yolanda o la de Frida Khalo (aún está impactada por el accidente que sufrió Frida). 

Entonces me acordé de un fonendoscopio que guardaba para ella (de un médico que seguro ya ni ejerce), y que había olvidado por completo, estaba dentro de un maletín amarillo que llené con algunas cosas que tenía a mano: jeringuillas, tiritas, un espejito de dentista, algodones y el típico palo plano de madera de los pediatras de mi infancia. 

Juno tenía claras dos cosas: que no podía faltar el "charingo", y lo solucionó rápido con dos tarritos de cerámica de la cocinita. Y que las sábanas de los colchones de los médicos son lisas, por lo que me hizo desmontar la tela estampada que le puse con mucho esmero.

CURAR A LA NINA

"Porque tiene daño y tiene que tomar mucho mucho jarabe" 

(Esto lo ha aprendido en la escuela, seguro. Ella, que solo tomó un "jarabe" de bebé para su corazón y es imposible que lo recuerde, sabe que sirve para curar, y aunque en casa lo administra en cucharita de cerámica, en la escuela la he visto darlo a jeringazos a sus compañeros, algo más habitual).

Viendo como juega a dar jarabe me llama la atención que lo hace como si diera de comer: con paciencia, cucharada a cucharada... y mientras, le habla a la muñeca en un tono tranquilizador. Pero si a ella nadie le ha dado nunca así de comer, ¿dónde ha aprendido a hacerlo de este modo? Sin duda imitando las acciones de sus compañeros y compañeras.






CURARSE A SÍ MISMA

Me vuelve a sorprender poniéndose un termómetro ella sola: se tumba, extiende un brazo, coloca el termómetro en la axila, aprieta bien fuerte el brazo extendido contra el tronco y mira el aparato esperando leer algo. Otra conducta aprendida fuera de casa que reproduce con toda exactitud.

"Tengo fiebre. Es que estoy muy caliente, ¿sabes mama?"




Finalmente, quiso que me tumbara yo en la cama para darme jarabe, ponerme el termómetro... Y en cuanto descubrió que con el fonendoscopio se escuchaba el latido del corazón, ese fue el juego por excelencia: quería oír el mío y que yo escuchara el suyo, y así una y otra y otra...