martes, 6 de septiembre de 2016

ADAPTARSE A LOS CAMBIOS

Hola a todos y especialmente aquellos que no soportáis el calor, ¡septiembre nos va a derretir! Hasta a las frioleras como yo nos falta el aire :(

El viernes empecé a trabajar, y lo hice encantada e ilusionada, por una parte, y con la penilla de dejar a mi bolita, por otra. Me considero una afortunada, viendo como otras madres no pueden alargar a penas nada su baja maternal, más allá de los cuatro meses (no me cabe en la cabeza, creo que debería ser un derecho del niño poder crecer en compañía de su padre y su madre, o al menos de uno de los dos, como mínimo hasta el año. Todos los que habéis tratado con bebés sabéis que con un año de vida aún necesitan, más que cualquier otra cosa en el mundo, de sus cuidadores), yo me he incorporado al trabajo a la semana de que Juno cumpliera un año y, sinceramente, creo que para ella ha sido muy duro.

Quién la conoce sabe que le gusta la gente, le encanta interaccionar con otras personas, incluso con auténticos desconocidos. En casa es un torbellino que todo lo investiga, que se pone a prueba día a día y que juega sin parar. Su cara tiene esa picardía de quién está tramando algo, siempre con la sonrisa preparada, siempre alegre y vital. Así se muestra ella en su vida diaria junto a nosotros.

El viernes, no sé si es porqué le pilló por sorpresa o porque se quedó con Miguel, pero respiré tranquila al saber que había pasado un buen día, a pesar de que echó de menos el pecho y, supongo, mi cariño, mi contacto, mis abrazos... jejjeee!!! Cuando abrí la puerta a las tres y media de la tarde, su sonrisa y sus brazos señalándome para que la cogiera fueron el mejor regalo del mundo. Pero hoy lunes, ha sido muy duro para ella, y su cara cuando me ha visto abrir la puerta no ha sido de alegría y entusiasmo, como acostumbra, su carita de pena me ha dejado sin palabras. Se ha quedado con mi madre, que la ha cubierto de mimos y ha estado exclusivamente pendiente de ella, pero no ha sido suficiente, obviamente no.

Nunca demos por hecho que un niño por ser sociable, extrovertido, aparentemente independiente (para su edad), no sufre, de igual modo que cualquier otro, la separación con su madre (o principal referente). Incluso hay niños que lo expresan y otros que lo reprimen, pero aún así, la separación, forzada por las circunstancias que sean, es un proceso de asimilación interno que cada persona hace a su manera.

Este periodo de acogida en la escuela (aunque más conocido como de "adaptación") va ha ser muy especial, intenso, importante, y creo que inolvidable, para mí: como maestra y como madre, como consoladora y como sufridora, como brazos que arropan y como brazos que dejan. 

Islas Cíes
Hoy todo mi tiempo es para Juno, salvo el ratito que he dedicado a escribir esto y desahogarme de este modo, ¡qué bien me ha ido!

Un beso a todos y mucho ánimo a las familias que os veis obligadas a separaos de vuestros hijos.