domingo, 4 de febrero de 2018

CADA POSTPARTO ES UN MUNDO COMO CADA MUJER LO ES

Hoy pienso que ya percibo con suficiente perspectiva la etapa que podríamos llamar postparto como para compartir mi experiencia.


Hace dos años y medio que nació Juno, y no fue hasta el mes pasado que me paré a reflexionar sobre cómo mi cuerpo ha cerrado una etapa: la de repararse y asentarse de nuevo. Ha significado encontrar una estabilidad, en mi caso ha coincidido con un estado similar al del punto de partida, pero en ningún caso el objetivo es el de "volver a ser la de antes". Soy muy distinta y es maravilloso.

Ya véis que no hablo expresamente a nivel emocional, aunque hay mucho de emoción en todo lo referente a uno mismo, pero mi reflexión de hoy se centra más en los cambios físicos de esa parte del embarazo que dejamos en un segundo plano, porque el bebé acapara todo el protagonismo. El después de. 


Y por ahí empiezo, el primer mes después del parto mi mente estuvo tan ocupada en la salud de mi pequeña que no me paré a sentir-me, a mirar-me, ni a escuchar-me. Me debió pasar como dicen que les pasa a los soldados en la guerra ante heridas graves, el cerebro se centra en lo importante y es capaz de anestesiar fuertes dolores si la situación así lo requiere.

Siempre que me preguntan por el parto digo que no sentí dolor, que me dió la risa, que empujé tanto que me dijeron que aflojase un poco... Son formas de ver las cosas, tuve 30 horitas de reloj de inducción, una experiencia extremadamente larga y dolorosa, pero en cuanto me senté en la camilla para disponerme a parir, todo lo anterior pasó a la historia. De hecho, fue una gran experiencia porque pude ponerme a prueba a mi misma, pude comprobar que soy una tía muy fuerte!
Y esto que digo así a la ligera, merece una aclaración: cuando a veces uso la expresión ni princesas ni guerreras, por ejemplo. No necesitamos demostrar que somos fuertes, la fortaleza no es aguantar dolor, no es soportar cargas imposibles, aunque también. Pero que no nos engañen, no tenemos que ser fuertes para demostrar nada a nadie más allá de a nosotras mismas. Hay mujeres con embarazos especialmente complicados, y entre nosotras nos hacemos flaco favor con comentarios del tipo: "que estás embarazada no enferma", cuando a veces el malestar y el dolor puede ser equiparable a sentirse enfermo. Las que no hemos tenido ni una nausea, ni una molestia, podemos llegar a ser muy poco empáticas con las que lo han pasado realmente mal. Por eso puntualizo, no presumo de que fuese fácil o difícil, ni de dura ni de sufrida, opino que no es necesario caer en eso.
Una vez hecha la aclaración, continúo: el mes pasado, después de 2 años y medio tuve de nuevo la regla. Pensaba que después de unos meses del nacimiento de Juno volvería a tenerla y que mi cuerpo se iría recuperando de los impactos sufridos por todo el proceso del embarazo. Es lo que esperas, que te pase más o menos lo que al resto de mujeres en tu situación. Mi comadrona me dijo en su día que el cuerpo tarda aproximadamente dos años en reponerse del todo, por eso se aconseja dejar este margen antes de un nuevo embarazo. Yo me quedé con este dato orientativo y me sirvió, al menos, para no alarmarme.

Al año de estar sin la regla, cuando lo comentaba con alguien veía ceños fruncidos y expresiones de extrañeza. A los dos años, me decían que eso era muy raro, que fuese al médico, etc. Incluso mi médica de cabecera parecía preocupada. Yo me lo tomé con calma, tengo esa facilidad. Lo consulté con mi ginecóloga en una visita rutinaria y no le di más vueltas.

Por mucho que sepamos que cada persona tiene un ritmo, que cada cuerpo es distinto y blablabla, nos cuesta un poco aceptar que somos nosotras las que nos salimos de los estándares.


Si pienso en las primeras horas después del parto, recuerdo que me levanté de la camilla en cuanto una pierna se despertó de los efectos de la epidural, pero no conseguí mantenerme en pie y me senté hasta que poco después se despertó la otra. Me dijeron que podría bajar a la UCIN a ver a Juno en cuanto pudiese andar y mi afán por poder hacerlo me dio una fuerza inmensa. Después vi como a otras madres las llevaban en sillas de ruedas y pensé: ¡vaya!, ya me lo podrían haber ofrecido a mí...

En las 48 horas de ingreso, pasé por mi habitación lo justo para los controles de rigor. Mi compañera de habitación decía que debía descansar más, pero yo no me sentía cansada, al contrario, me sentía más vital que nunca. Y durante ese mes mi preocupación principal fue dar el pecho (lo poco que me dejaban), sacarme leche con el aparato, y pasar el máximo de tiempo con mi bolita encima, saboreando cada instante con ella, sintiendo su cuerpecito...

¡Cómo son las prioridades en la vida! Porque claro que me resultaba engorroso el tema del sangrado, y los puntos, aunque no me dolían especialmente, me producían una sensación desagradable, de herida. La barriga, que a simple vista parecía casi plana, cuando doblaba la espalda sentía una especie de vacío raro, como un aviso de que aún todo estaba por recolocarse. Y sentí nostalgia de barriga durante un buen tiempo..

Durante el tiempo que estuve de baja maternal, que lo alargué compactándomelo todo a casi un año, me sentí muy feliz y muy bien físicamente. Dejé de tener migrañas, lo que supuso un gran alivio; y pasados los 3 o 4 primeros meses dejó de dolerme dar el pecho, que era mi única molestia. Intenté ir a pilates una vez por semana, paseaba muchísimo con Juno... Fue al incorporarme al trabajo con la jornada de 8 horas y retomar mis actividades formativas y mis hobbies, etc. que perdí mucho peso. Y ese siempre ha sido mi talón de Aquiles, cuando adelgazo no me siento a gusto y no ayuda que todo el mundo te lo recuerde constantemente. 


En resumen, que dos años y medio después, he vuelto a un peso razonable después de un año espantoso, y tener de nuevo la regla ha evitado que llegue a preocuparme por si algo no acababa de funcionar bien.

Si algo cambiaría en un próximo embarazo, es el comprarme unas pezoneras bien cómodas y suaves para los primeros meses de dar el pecho, por lo demás no he necesitado ni sujetadores ni ropa de lactancia, solo prendas cómodas y escotadas. Llevo usando escote forzado desde entonces, con lo que me gusta un cuello alto en invierno... y a veces cae, pero reconozco que me dificulta mucho dar el pecho y ser práctico te evita nervios y cabreos innecesarios.

Como siempre, espero que mi experiencia le sea de ayuda a alguien.

¡Feliz domingo, aquí gris y lluvioso, pero un festivo es un festivo!