domingo, 3 de septiembre de 2017

GRAMÁTICA DE LA FANTASÍA

Cuando tenía apenas diez años, pero bien pudo ser antes o después, conocí sin querer, sin prestarle atención, sin admirarle aún, ni ser consciente de quien tenía contándome historias entre mis manos, a Gianni Rodari. Entre la lista de libros que hay que adquirir a principio de curso se encontraba Cuentos escritos a máquina, publicado por Ediciones Alfaguara e ilustrado por Fuencisla del Amo. Le leí virgen de prejuicios y expectativas, le leí sin conocer a la persona, como quien lee a un anónimo; me encantó. Durante años fue mi libro favorito, número uno de mi lista de relecturas, fuente de inspiración, de risa, y como no, de fantasía.





No conocí realmente a Gianni Rodari hasta que empecé a estudiar Educación Infantil, muchos años y relecturas después. Hoy, si os lo tuviese que presentar, os diría que a la niña que fui le enseñó a creer en lo imposible, a través de sus cuentos surrealistas y estrafalarios, pero increíblemente divertidos y entrañables. Un día, ya adulta, descubrí su Gramática de la fantasía. Introducción al arte de inventar historias, y empecé a jugar con las palabras...

«Si dispusiéramos de una Fantástica, 
como disponemos de una Lógica, 
se habría descubierto el arte de inventar.» 

Frammenti (Fragmentos) de Novalis (1772-1801).

Fantasía: "facultad humana para representar mentalmente sucesos, historias o imágenes de cosas que no existen en la realidad o que son o fueron reales pero no están presentes”.

No sé porque he retomado esta idea para escribir hoy sobre ello, tal vez solo para animar a quien no haya leído aún a Rodari a que lo haga sin más demora, o para hacer mi pequeño tributo a la un tanto ninguneada fantasía. Puede que sea generalizar mucho decir que a los adultos nos cuesta adentrarnos en el maravilloso mundo de la fantasía, ¿será que poco a poco hemos ido perdiendo la capacidad de alejarnos de la realidad? ¿Por qué no practicamos más a menudo el saludable ejercicio de soñar despiertos? Tengo la sensación de que solo nos permitimos la fantasía útil, la que nos permite obtener algún beneficio, la que es productiva... Ya de bien pequeños tendemos a exigirles razonamientos lógicos, queremos que aprendan conceptos.


Y claro, de adultos no le pidas peras al olmo. Fijaos en un grupo de personas participando de una dinámica cuya consigna principal es dejarse llevar, he vivido muchos momentos valiosos de observación de este tipo de situaciones, en algunos solo he sido espectadora, y en otros muchos, participante. Cuándo la consigna es dejarse llevar: ¿realmente te dejas llevar? NO. Lo intentas, pero no lo consigues del todo. Siempre hay algo que te frena, ya sea por vergüenza o timidez, por miedo al ridículo, porque te importa demasiado lo que piensen los demás de ti, por incapacidad para soltarte, por pereza... O por el contrario, por ganas de hacer algo muy original o muy absurdo o loco o irracional, y por lo tanto, acabar por forzar las cosas…

Probad de hacer una lluvia de ideas con unas cuantas personas: son muy muy pocas las que se atreven a decir lo primero que piensan. Por lo general, tratamos de arañar un par de segundos, suficientes para gestionar tu mente (a ver, piensa algo que suene espontáneo… pero no grosero, feo ni raro). A menudo, veo respetar turnos y eso ya demuestra la carencia de espontaneidad.


Cuando inventamos historias las hacemos lógicas y racionales, aún sin pretenderlo, es la tendencia a lo políticamente correcto.

En este fabuloso libro de ideas que es Gramática de la fantasía, te sugieren juegos mentales, lingüísticos, para intentar alcanzar la preciada fantasía. Inventar, crear, transformar, imaginar, cambiar, trastocar… ¡todo vale! Es un libro para tener en la estantería bien a mano y de vez en cuando releer algún capítulo ¡y jugar! Una sugerencia: cada vez que tengas alguna vieja revista en tus manos recorta algunas palabras y ves llenando una cajita o un sobre con ellas, algún día pueden ser muy útiles…


En el curso Camins d’Ítaca de la anterior escuela de verano de Rosa Sensat, después de vaciar nuestros bolsos y disponer los objetos sobre una tela en el suelo, nos propusieron en grupos de tres personas elegir únicamente dos objetos y crear una historia con ellos. Es un ejercicio ya de por sí un tanto complicado para llevar a cabo en frío, pero hacerlo con personas que no conoces de nada, intentar respetar y encajar las ideas de las tres componentes del grupo y obtener algo resultón, es bastante difícil. En nuestro caso, una compañera propuso que cada una hiciésemos un borrador por separado ante el evidente bloqueo al intentar hacerlo entre las tres, pensé: ¡qué pena!

¡Feliz domingo! Ya sea viviendo fabulosas experiencias, disfrutando de la maravillosa cotidianidad o soñando despiertos paraísos inventados :)