sábado, 14 de abril de 2018

EN LA BIBLIOTECA NO SE DA TETA

Ya he salido del estado de shock y puedo contar lo que me pasó hará un par de meses, ahora tengo claro que no sé cómo actuar ante situaciones así y de que necesito ayuda. Por eso lo cuento, por si alguien me puede aconsejar.

Os hablé de que había empezado a frecuentar una biblioteca nueva y que un día tuvimos que salir corriendo porque cada vez que Juno abría la boca teníamos a la bibliotecaria encima. Fue desagradable por el doble rasero que aprecié en la conducta de la empleada, pensé seriamente que las voces de los adultos no le molestan en absoluto y la de mi hija mucho. Consiguió que no volviese a poner un pie en el espacio de prelectores, por suerte es, con diferencia, el que menos me gusta de todo el recinto.


Los hechos
Esta vez fue muy distinto, ese día fuimos a la biblioteca justo a la hora de abrir, cogí un libro del estante de intercambio y subí a la primera planta al espacio de famílias (dónde están los libros, revistas, que tratan temas de infancia, hay dos sofás y una mesita), me puse a leer muy a gusto, estábamos solas, y Juno que estaba cansada se puso al pecho a adormilarse.

Entonces oigo la voz de la bibliotecaria de este espacio (que no es la misma que la de la salita de los más pequeños) que me dice "lo siento porque estáis muy a gusto, pero en la biblioteca no se puede dar comida de ningún tipo", yo que no la había oído acercarse, levanté la vista sin entender nada, porque ingenua de mí, no relacioné pecho con comida, en esos instantes de incomprensión por mi parte, me sugirió que en todo caso fuese a la sala de los pequeños.

Las consecuencias
Tal vez soy muy sensible, pero este incidente ha sido suficiente para no sentirme bien recibida, es más, he pasado de ir dos veces por semana a estar todo este tiempo sin ánimo de volver. Ayer tenía que devolver un libro y no podía dejarlo en el buzón porque Juno hizo un garabato en la página en blanco del principio y entré a preguntar qué debía hacer en un caso así (me dijeron que comprar uno nuevo). 

Una vez allí, no pude resistirme a bajar a la sala general a buscar algún libro para mí, entonces Juno quiso teta (¡¡¡oh, noooo!!!), mantuve la calma y le expliqué que en la biblioteca no se puede, pero ella no hizo caso y se me enganchó (me sentí una antisistema escondida en un pasillo dándole el pecho de estrangis). Creo que nadie me vio.

Lo que me entristece
Comprendí que dar el pecho nunca debería ser ilegal, nunca debería estar prohibido, y que tengo que hacer algo para ver si el reglamento de las bibliotecas municipales es tan drástico en este punto. Sobretodo porque durante la baja maternal, que paseaba mucho con Juno, cuando quería descansar y darle el pecho en un lugar confortable siempre iba a la biblioteca, era mi ritual, me sentía tan tranquila allí para darle de mamar (como madre primeriza al principio me costaba encontrar el lugar y el momento apropiado hasta que lo fui normalizando y todo fue mucho más fácil). No puede depender de la buena voluntad del personal de la biblioteca poder dar pecho o de la mala no poder darlo.

Y a partir de ahora, ¿qué, voy a estar temblando cada vez que dé el pecho en un lugar público? Pensando: ¿en la piscina municipal se puede?, ¿y en la consulta del médico? ¿O debo salir a la calle? ¿Me pueden echar de un sitio o pedirme que no lo haga?

El día que la señora de la biblioteca me llamó la atención, salí a la calle y me sentí muy triste, no estaba ni enfadada, me sentí impotente porque no había sabido qué hacer, le podría haber dicho que dar el pecho no es lo mismo que ponerse a comer un bocadillo, o que en ese preciso momento Juno estaba usando el pecho para dormirse, que no estaba merendando... También que en la sala a la que me enviaba no hay ningún asiento cómodo para los adultos, solo mesitas bajas con sillitas de plástico. Le podía haber dicho tantas cosas, incluso me podría haber salido una fresca, y no emití sonido alguno, me fui asombrada y alucinada.