domingo, 1 de abril de 2018

ALGUIEN: LA MODESTA COTIDIANIDAD DE ALICE MCDERMOTT

Alguien es el relato de una vida, son fragmentos de recuerdos que van acercándonos a un personaje de los más corriente, Marie. Los episodios cotidianos que vive de niña en su barrio, en los que aparecen sus padres, su hermano Gabe, sus vecinos, los Chehab, los niños que juegan a béisbol en la calle... Su primer desengaño amoroso, su primer empleo, su matrimonio, la maternidad, las inevitables pérdidas de seres queridos.  

Es una vida sencilla y sin grandes acontecimientos, lo que da coherencia a la historia es precisamente la capacidad de dotar de relevancia a aquellos sucesos cotidianos, rutinarios, a las costumbres, al día a día.

La novela empieza con la mención a una vecina un tanto propensa a las caídas:
     "La Pegeen Chehab salió del metro a la luz del atardecer. Llevaba el abrigo de entretiempo bueno, de color azul cielo; unos zapatos negros que le cubrían los empeines de los pies, más bien largos. El sombrero que llevaba era beig con una cosa oscura a lo largo de la copa, una pluma marrón o dos. Tenía los hombros un poco asimétricos. Andaba encorvada, a grandes gambadas..."
Y acaba recordando de nuevo a su destartalada vecina fallecida de una caída:
     "El día antes de morir, la Pegeen se inclinó hacia mí, los ojos le chispeaban con su plan. Dijo, Si le veo, me pondré bien cerca. Haré como que cago, sabes, y me cogerá y dirá, Vuelve a ser usted? Alguien amable.
     Me dijo, pobre gorrión, pobre tonta: Ja veremos qué pasa entonces."

La novela la he leído en la traducción que hace Minúscula al catalán: Algú. En mi afán por leer todas las publicaciones de esta encantadora editorial que publica libritos en pequeño formato, fáciles de llevar y no demasiado extensos, por lo general.

Reconozco que he tardado mucho en acabar de leerla por completo, me encallé hacia la mitad del libro, cuando narra el período en el que Marie trabaja para el señor Fagin en la funeraria. Particularmente, me ha resultado un poco aburrida esta parte. Pero agradezco haber continuado porque me deparaba páginas de lo más interesantes.




Otro fragmento que me gustaría compartir:
"Mi largo calvario, como empecé a decirle, se había reducido también al daño que me hacían los pechos, que mi médico me había asegurado que marcharía pronto, cuando se me retirase la leche. Era más amable que el general, pero aún así hablaba de mis pechos y de la leche que producían con una sonrisa despectiva, como si todo aquel proceso fuese un vestigio de un tiempo primitivo - una costumbre de inmigrantes, como me había dicho una de las enfermeras de la planta cuando mi madre, que preguntaba una y otra vez porqué no amamantaba al niño, no estaba en la habitación-, un hábito biológico persistente que estas jóvenes madres, solo que tuviesen los medios, habrían conseguido romper hacía micho tiempo. Ninguna de mis amigas amamantaba a sus hijos, y la infección que tuve en el hospital no lo habría impedido, de todas formas. Cosa que no satisfacía a mi madre, que se miraba al niño que me hurgaba el hombro con la cabeza y decía: -Sabe lo que se pierde."