miércoles, 9 de mayo de 2018

NO-EMBARAZO: SIN FINAL FELIZ

Yo creí estar embarazada, y esta vez no quise esperar tanto como hice con Juno para corroborarlo, me compré una prueba de embarazo y efectivamente: embarazada +3. Fue raro, en parte, porque justo después de dos años y medio tengo de nuevo la regla y ya dejo de tenerla y resulta que es embarazo. Qué ràpido y fàcil, y ¿ya está, vamos a tener de nuevo un bebé? 

Esta vez no esperé a que pasara, lo que llaman el tiempo de precaución, para compartirlo con familiares y amigos, en cuanto lo supe, lo dije con toda naturalidad. Si pasa algo, pensé, puede hacerlo en cualquier momento.

Desde esa mañana en la que la prueba de embarazo dio positivo, empecé con el protocolo de visitas médicas y también de planes futuros, es inevitable. Piensas sobre que fecha nacerá aproximadamente, te haces cábalas sobre temas de organización familiar, laboral, etc., tomas algunas decisiones anticipadas y te haces ilusiones: ¿cómo será?, ¿se parecerá a Juno?, ¿cómo será tener dos hijos en casa?, ¿irá a la escola bressol donde trabajo?, será de los pequeños de la clase porque nacerá en diciembre, necesitaremos otra sillita para el coche, tendremos que recopilar de nuevo ropita de primera puesta...


Se acercaba el famoso tercer mes, que parece ser como llegar a una casilla segura en el tablero de un juego de mesa, y en ningún momento sospeché que algo iba mal. Lo que estaba asombrada de no notar síntomas claros de embarazo, más allá de la ausencia de regla, nada de barriga, ningún cambio en el pecho, ni ningún malestar. Pero como con Juno tampoco sentí ningún malestar y el tamaño de la barriga fue discretísimo, no fueron señales de alarma para mí. Así que, a pesar de estos síntomas, llámame ignorante, creía que todo se debía a las pocas semanas y que en breve notaría todo de lo que aún no había ni rastro.

Hasta que llegó el viernes maldito. Un ligerísimo sangrado que casi me pasa desapercibido me recordó aquello que me dijo en la primera visita la comadrona: si hay sangrado ves a urgencias directamente. Pero era tan poco... Juno dormía, Miguel aún estaba trabajando, pensé esperar a que llegase Miguel y valorarlo juntos, pero me fui preocupando y llamé al 061. Me preguntaron: ¿has sangrado como para empapar un pañuelo o una toalla? ¡Pero si por poco ni me doy cuenta! No, no, muchísimo menos que un pañuelo, le dije. Y me propuso reposo y que esperara a ver si se repetía o no. Eso me tranquilizó y me tumbé haciendo caso a la enfermera.

Cuando llegó Miguel y le conté lo sucedido vi que se preocupaba bastante aunque intentó disimular, esa noche apenas durmió, yo sí. Al día siguiente teníamos planeada una escapadita rural (por el día de la madre, aunque no soy de celebrar estos días, este año me apetecía por lo del embarazo, vaya...) y me empeñé en no anular nada, pasaríamos por urgencias para asegurarnos de que no hubiese ningún problema y de allí a Espluga de Francolí.

En urgencias el veredicto llegó rápido y directo, una ecografía vaginal de apenas dos minutos, la doctora pronunció lo que jamás hubiese querido escuchar: aborto. "Es muy frecuente en el primer trimestre de embarazo". Si claro, pensé,  pero que te toqué a ti es una putada. Me explicó que en el útero se podía ver el saco gestacional sin embrión, que no se había llegado a desarrollar. Algo bueno después de todo. 

Para mí ha sido una suerte no perder, ni tener que expulsar, un feto, y que haya tenido lugar tan pronto. Estos dos factores han sido decisivos para ayudarme a superar el chasco de que no hay embarazo ni final feliz con bebé entre mis brazos.

Y después de la noticia, a tomar la decisión de cómo expulsar el saco gestacional. La doctora me expone tres opciones: esperar a que de forma natural mi cuerpo lo eche, puede ser largo y no producirse totalmente; provocar un aborto en diferido con un tratamiento que produce contracciones; ir directamente a quirófano para un legrado vaginal. ¡Buff! ¿Y ahora qué elijo? Aunque he vivido este trance con bastante positivismo, y relativizar, que me sale espontáneo, siempre hace que lo que a mí me sucede me parezca poca cosa, en ese momento tenía un nudo en la garganta, unas ganas de llorar y de salir pitando de allí... Así que nunca sabré si escogí la mejor opción, pero fue la que me pareció menos mala, el tratamiento con pastillas para provocar el aborto. 

Ahora estoy en pleno proceso, aún no sé del cierto si he expulsado el dichoso saco o no, tendré que esperar a una visita, que aún ni me han programado, que debería producirse en los próximos quince días. Gracias al 061 he tenido la información que he ido necesitando, pero os confieso que me he sentido muy sola en esto. Muy arropada por la familia y amigos, pero a nivel médico, solísima. Salvo la opción del legrado, las demás consisten en irte a casa, con un papelito con las instrucciones, pero tú te las apañas. 

¿No se podría acompañar un aborto diferido a nivel hospitalario o ambulatorio? 

Tienes mil dudas en cuanto algo no sale como te han explicado, nadie te supervisa, nadie comprueba si ha ido bien o mal... Se supone que en quince días sabré algo, pero me parece mucho tiempo de incertidumbre. 

Hace tiempo que soy muy sensible a este tema, que leo testimonios de mujeres que han sufrido distintos tipos de aborto y explican cómo lo han vivido y se han sentido, qué estrategias han utilizado para superarlo, etc. Durante el embarazo de Juno, hubo un momento en el que la opción más adecuada parecía ser abortar y lo que sentí cuando intenté concienciarme de esa alternativa por poco me desborda, vivir esa experiencia me cambió muchísimo: mis prioridades, mis miedos, incluso mi actitud ante la vida. Ahora me ha vuelto a servir para seguir adelante con la fuerza que ya tengo como compañera de viaje y el futuro está por venir, ya se verá.

Retomaré el tema cuando tenga algo de perspectiva y pueda contar algo más de esta situación que estoy viviendo.