sábado, 10 de marzo de 2018

8 DE MARZO


Hemos vivido un día muy significativo en nuestras vidas. Hemos hablado alto y claro y nos hemos hecho oír, y me he dado cuenta de que he estado taaaan callada.


He callado porque...

Es lo que se espera de una mujer ante situaciones, que "vamos no hay que exagerar, son menudencias, ahora le llaman micromaschismos, poca cosa, en realidad".

He callado porque "calladita estás más guapa" y porque mi obligación era eso estar guapa y pensar poco. Les salí rana.

He callado por no entrar al trapo, por resignación y por impotencia.

He callado porque creía que debía respetar lo inadmisible.

He callado al no sentirme respaldada, al sentirme incluso mal mirada.

Vaya que he callado por tonta, por tonta y por tonta. 

Se acabó.


Y ahora hablo...

Por la de veces que me he sentido incómoda ante un comentario y me he esforzado en ignorarlo. 

Por la de "piropos" fuera de lugar, de mal gusto, denigrantes, irrespetuosos...

Por todas las veces que he sentido miedo andando sola o con amigas por mi barrio o por cualquier otro lugar del mundo. Por las que me he dicho a mí misma "eres una exagerada" y entonces algún tío me ha dejado claro que no, que no puedo bajar la guardia.

Por las manos largas que he tenido que soportar en el metro, en el tren, en las aglomeraciones o andando tan tranquila por la calle.

Por las conversaciones a las que me han obligado desconocidos en el tren, en un banco, en una cafetería... Y por todos esos ratos bochornosos declinando con paciencia proposiciones que no me apetecían en absoluto.

Por las miradas lascivas y los besos de cortesía que buscan un roce no deseado.

Por el "no te pongas tan seria que te pones muy fea", y ese ponerte seria es el sustituto de la bofetada que te dan ganas de dar.

Y más, y más...




Y por Juno

Porque no quiero dar este ejemplo a mi hija. No quiero que calle y se conforme, que aguante y se resigne. 

No quiero que en el patio ceda el espacio a los niños que juegan a fútbol si ella quiere ocuparlo con sus juegos. 

No quiero que le asignen juegos de niñas, juguetes de niñas, colores de niñas, disfraces de niñas y a los niños de niños.

No quiero seguir perpetuando ni roles de género ni estereotipos.


¡Basta ya!

Por no tener que oír más al sentarnos a la mesa "los hombres nos sentamos en esta zona", seguido de un "las mujeres y los niños..." Por no tener que poner la mesa mientras ellos se sientan. Por no tener que levantarme mil veces mientras ellos no mueven el culo de la silla. Por no hacerlo con la resignación aprendida de todas las mujeres de mi entorno. 




Cualquier día puede ser el principio del cambio y hace tiempo que se está gestando el cambio.